Estas "
Crónicas Secundarias del JVG" nacieron de un torbellino caótico de recuerdos a los que intenté organizar lo mejor posible. El responsable del blog abrió una especie de caja de Pandora que, a cambio de calamidades, desató recuerdos. Recuerdos que confirman y apuntalan estos relatos y por sobre todas las cosas los enriquecen. Es el caso del aporte hecho por
Angel Marino —al que le estoy muy agradecido— quien me acercó por mail el testimonio que paso a relatar.
En el mismo año de 1973, Angel cursaba 2do 5ta. Imaginen cómo se habría aumentado la población del
JVG con el ingreso de las chicas que se habilitaron cinco segundos; a no menos de treinta por división estaríamos en ciento cincuenta párvulos. Su aporte viene a confirmar que en este 1973 los descontroles que he relatado y de los cuales fui testigo e incluso activo participante no se suscribían sólo a mi división sino que sucedían en todo el colegio. Ángel recuerda lo de las "huelgas" además del acopio de pirotecnia y gamexane y aporta algo que yo desconocía: la práctica de la querida y recordada "vaquita". Las chirolas qué se juntaban en las divisiones 'menores' eran entregadas a los colegas de quinto año para la compra del arsenal. Estaba claro que aquel sacrificio y desprendimiento desinteresado debía tener una recompensa y la profesora
Bischi de Castellano fue la elegida. En medio de una de sus clases y mientras una compañera estaba dando lección, una mano amiga abrió la puerta del aula y arrojó una pelota de papel humeando. Ya se sabía: ¡era una bomba de gamexane!
Inmediatamente aquellos que estaban en las primeros filas la patearon hacia atrás entre los bancos mientras los que estaban cerca de las ventanas corrieron a cerrarlas. La asfixiante humareda hizo que todos buscaran la salida excepto la
Bischi que continuaba estoica pañuelo en mano tapándose la nariz y la boca. La alumna trataba de continuar con su lección, de seguro temiendo el aplazo si la abandonaba, hasta que no aguantó más y salió disparada para afuera. Detrás salió la
Bischi a quien pareció no afectarle el gamexane, sin toser, sin lagrimear y manteniendo firme su pañuelo contra la cara.
La anécdota habla por sí sola de la personalidad que tenía la Bischi. Yo no la tuve pero seguro era de las "bravas" o simplemente era un androide plástico al que los tóxicos no le afectaban.
¡Gracias Ángel!
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Gracias Néstor y Angel.