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1 de julio de 2025

El Atribulado Catalán

Escuela de Comercio Nº 1 "Dr. Joaquín V. González" (I)


Introducción:

"Llega un momento en la vida, que uno avanza a paso más lento, y además mira hacia atrás, para recordar, sobre todo, de dónde viene y cómo ha llegado hasta aquí… Cómo ha recorrido ese camino y con quién lo ha recorrido… En ese camino, en el que se han ido quedando lugares, establecimientos, instituciones, empresas y personas… personas, de las que nos hemos alejando o se han alejado, por diversas causas… desde el hecho de no compartir nada o poco con ellas, hasta aquellas que la vida nos ha llevado por caminos diversos, a pesar de compartir mucho… Caminos diversos y tiempo, es una combinación especial, que hace que hoy uno no sepa dónde están ni lo que hacen, aquellos con los que un día, se ha compartido mucho de la vida…

Sin embargo, ahora, que los hijos han crecido y se han ido, y que la profesión ya no es acuciante, y que además de caminar y correr en pos de objetivos de vida personales y profesionales; ahora, que tenemos un tiempo más reflexivo, ahora es el momento de mirar hacia atrás, no con la nostalgia de que todo tiempo pasado ha sido mejor, sino con la nostalgia de intentar volver a encontrar a parte de aquellos que compartieron parte del camino…

Por eso, ahora me he puesto en campaña, para buscar a mis antiguos compañeros de la escuela secundaria, y algunos de ellos, buenos amigos en aquellos tiempos  e incluso años después… Es una forma de ir cerrando una línea, para llevarla al círculo…

Lamentablemente, ni Buenos Aires en particular, ni Argentina en general han avanzado en estos más de 40 años, y la consecuencia de ello, es que instituciones como nuestro colegio, es que tampoco avanzara.

Nuestra generación ha vivido, una etapa muy dura, variada y complicada, desde el punto de vista social y político. Por ello, supongo, que no será fácil la búsqueda…  Accedimos a la escuela secundaria en pleno gobierno militar, y finalizamos la escuela secundaria, con otro gobierno, pero también militar… Iniciamos la universidad en la misma forma, hasta 1973, que llegó la democracia revisionista, y con lucha de grupos guerrilleros de montoneros, erp, etc., produciéndose una especie de “autogolpe” en 1974, que sin acabar con el gobierno, sí llevó a unos cambios drásticos, que terminarían con el golpe militar en marzo de 1976, cuándo aun no habíamos acabado la universidad… ¡tiempos muy duros, difíciles y cambiantes!

No existe una asociación de ex alumnos oficial, ni tampoco, pareciera que interés por parte del colegio de crearla o ayudar a que surja y pueda aglutinar a miles de estudiantes que durante tantos años han pasado por sus aulas… ¡Lástima que no se haya hecho!, pero aún no es tarde, y desde aquí, hago un llamamiento a mis condiscípulos y a la propia dirección del colegio, que nos pongamos en marcha…"


Prolegómenos del 1er año

"Era un mes de marzo de 1967, y el verano tocaba a su fin. Con 12 años cumplidos, previo examen de ingreso, comenzaba mi etapa de estudiante de escuela secundaria…  Recuerdo aun,  el día que hice el examen de ingreso, al salir, me esperaba mi padre, como siempre sereno y tranquilo, aunque tal como me preguntó, la procesión iba por dentro…

No había transcurrido un año todavía de  nuestra llegada al puerto de Buenos Aires, una mañana de abril, cuando miraba la entrada del barco en puerto, desde la proa, con ojos de niño, con sensaciones de ansiedad, alegría e inquietud, iba de aquí para allí, y en una de esas, logré manchar mi pantalón de tergal, con la línea de planchado perfecta, (¡no podía llegar de cualquier forma a encontrarme con mis tíos)! Llegaba a la que sería mi ciudad, durante más de 13 años…, dónde maté a la niñez, viví mi adolescencia y mi primera juventud…

Tenía un poco más de 11 años, y un deseo irrefrenable de ver, de tocar, de sentir y de vivir en un mundo distinto y nuevo, del que dejaba atrás… De un pueblo pequeño a una gran ciudad… De un inicio del desarrollo, al desarrollo (eso se suponía)… Mis ojos iban de un sitio a otro, de los galpones y la suciedad del puerto, a la ciudad que más allá se veía, y más se presentía…

Ese mundo, que desde muy pequeño, mientras que cuidaba a las vacas en el monte, veía como el sol desaparecía en el horizonte, y soñaba y me ensoñaba con algún día alcanzar ese horizonte… Allí dónde el sol se acostaba, allí quería ir…

Comencé por dejar la aldea e irme a la villa de Carballo… Colegio nuevo, compañeros y amigos nuevos, tanto en clase como en el barrio… así pasaron 4 o 5 años, hasta que un día, mis padres me preguntan sobre ir a Buenos Aires… esa ciudad, de la que mi tío, hablaba maravillas, de ese país tan lejano y tan atractivo para un niño deseoso de nuevos mundos…  Ahí comenzó la emigración, preparando durante meses el viaje, mientras mi padre, trataba de rentabilizar el tiempo, trabajando unos meses en Francia primero, y luego en Holanda…

Esa mirada de niño, cambió muy rápidamente para siempre; mientras esperaba que mis padres hicieran los trámites para pasar la aduana, me dejaron a cargo de todo el equipaje… y, en ese ínterin, alguien birló un par de cosas del baúl, aun abierto para la inspección…

Pero, todo eso es otra historia, que quizá, en otro momento, me anime a desarrollarla… Ahora estábamos en marzo de 1967, y mi inicio en un nuevo colegio, y una nueva responsabilidad, ya que comenzaba la escuela secundaria, y de ahí saldría a no sabía dónde…

Había elegido Comercial, sin saber muy bien porqué, ya que en realidad, siempre había dicho que quería ser ingeniero, sobre todo cuando el cura de la aldea, intentaba convencer a mi padre y a mí mismo, para que fuera al seminario… Si lo hubiera hecho, posiblemente me hubieran echado el primer año… elegí Comercial, dentro de tres posibilidades, una de ellas era Industrial, y la otra era Bachillerato (nacional)… El mejor colegio de Industrial me quedaba muy cerca de casa, el de nacional también, y el de comercial me quedaba más lejos, que, lógicamente requería viajar en colectivo (autobús)… y ahí me fui… como siempre, haciendo lo más difícil…

Solo tomé la decisión, posiblemente mi tío haya ayudado algo, pero todo lo hice solo. Ir a averiguar, preparar el examen de ingreso… solo, recorrí media ciudad, para al final acabar en la Escuela de Comercio Nº1 Dr. Joaquín V. González… y, en ese mes de marzo de 1967, entré por  segunda vez al edificio, pero esta vez como alumno, a ver que me deparaba la vida… Era temprano, las clases comenzaban temprano… y, entrar, significaba pasar al patio, y formar en filas, tipo servicio militar, según la división que nos habían designado, y con el preceptor –cuidador, vigilante, primero, y más tarde alguno amigo-, y luego de ahí, al aula que nos correspondía… Y, esa misma rutina durante los próximos 5 años…

Al aula, y así fueron apareciendo los profesores del día, y durante la semana, los fuimos conociendo uno por uno, y anotando las exigencias que cada uno tenía para su asignatura… Castellano, Botánica, Matemáticas, Geografía, Historia Antigua, Educación Democrática, Contabilidad, Caligrafía, Inglés, Música…

Todos éramos distintos, pero el único diferente era yo… mi acento me delataba… y, ya había pasado por aquello, durante los meses pasados, en el Colegio San Francisco, con mis compañeros… el gallego, el gallego pata sucia… las risas por mi acento… y, además del acento español clásico, el mío estaba acentuado por el gallego, así que por lo tanto, traté de tomármelo con una cierta calma y llevarlo lo mejor posible…

En menos de un año, había cambiado toda mi vida, de segundo año de bachillerato en España, había pasado (unos meses) por el 7º grado en la primaria, y luego al primer año en la secundaria en Buenos Aires…  De las matemáticas financieras, a la matemática moderna (Teoría de conjuntos), del francés al inglés, y de mis compañeros de juegos y de clase en mi pequeño pueblo, a mis compañeros nuevos  en una ciudad inmensa. De una casa con finca y frutales, a una habitación con derecho a cocina, en un cubículo de 3 m2 como máximo… baño compartido por tres familias a 10/15 metros… ¡qué frío se pasaba en invierno!!!

Así comenzó mi historia en el Joaquín V. González y todos sus componentes: Rectorado, profesores, preceptores y compañeros… La historia de 5 años, con sus altos y bajos, con amigos y no tan amigos… Ha sido una historia intensa y cuyo balance ha sido muy positivo, para aquél niño con acento “raro”, tímido, y a veces incomprendido, pero que supo sobreponerse a todo eso, con ayuda de algunos profesores, de compañeros que se transformaron en amigos con el transcurso del tiempo… No sólo conseguí conocimientos, conseguí amigos, conseguí una educación, y una metodología de rigor (que ya llevaba, pero más rígida) que más tarde me sería muy útil…

No todos  siguieron en la mañana, ni en el mismo grupo, ni siquiera en el colegio,  durante los cinco años, alguien se fue quedando… y también añadiendo…"

BUSCADOS

Algunos compañeros de 1er año 6ª división:

Riquelme, Daboul, Khalil, Carlos Murakami, Iparraguirre, Héctor Lijo, Tonelli, Roberto Jorge Soto, Arza, J.A. Fernández, Norberto E. Cánepa, A. Rodriguez, S. Riquelme, Roberto Dopazo, Tonelli,  Luis Zambrano, Norberto D. Couso, Juan C. Cincootti, Borneana, Enrique Espinosa, Ricardo Sacchi, M. Iglesias, Premozzi, Mangioni, Carrizo, Jorge Luiz Calvinho.


Algunos compañeros de 5º año: 

Alberto Ledesma, Enrique Espinosa, Roberto Dopazo, Legazpi, Juan Carlos Altounián, Mangioni, Magnoni, Jorge Gambedotti, Fabián?, Gargiulo, Bacigalupo, Nequeckaur, Cottarello…


Si tú eres uno de ellos, y te interesa, ponte en contacto conmigo, y ver si podemos ir reunir a la máxima cantidad posible de compañeros de aquellos años...


3 de noviembre de 2024

1 de junio de 2020

El Atribulado de la 67 y los Prolegómenos de 1er Año.


"Era un mes de marzo de 1967, y el verano tocaba a su fin. Con 12 años cumplidos, previo examen de ingreso, comenzaba mi etapa de estudiante de escuela secundaria… Recuerdo aún,  el día que hice el examen de ingreso, al salir me esperaba mi padre, como siempre sereno y tranquilo, aunque tal como me preguntó, la procesión iba por dentro…

No había transcurrido un año todavía de nuestra llegada al puerto de Buenos Aires, una mañana de abril, cuando miraba la entrada del barco en puerto, desde la proa, con ojos de niño, con sensaciones de ansiedad, alegría e inquietud, iba de aquí para allí, y en una de esas, logré manchar mi pantalón de tergal, con la línea de planchado perfecta, (¡no podía llegar de cualquier forma a encontrarme con mis tíos!). Llegaba a la que sería mi ciudad, durante más de 13 años, dónde maté a la niñez, viví mi adolescencia y mi primera juventud…

Tenía un poco más de 11 años, y un deseo irrefrenable de ver, de tocar, de sentir y de vivir en un mundo distinto y nuevo, del que dejaba atrás… De un pueblo pequeño a una gran ciudad. De un inicio del desarrollo, al desarrollo (eso se suponía). Mis ojos iban de un sitio a otro, de los galpones y la suciedad del puerto, a la ciudad que más allá se veía, y más se presentía.

Ese mundo, que desde muy pequeño, mientras cuidaba a las vacas en el monte, veía como el sol desaparecía en el horizonte, y soñaba y me ensoñaba con algún día alcanzar ese horizonte… Allí dónde el sol se acostaba, allí quería ir.

Comencé por dejar la aldea e irme a la villa de Carballo. Colegio nuevo, compañeros y amigos nuevos, tanto en clase como en el barrio. Así pasaron 4 o 5 años, hasta que un día, mis padres me preguntan sobre ir a Buenos Aires… esa ciudad, de la que mi tío, hablaba maravillas, de ese país tan lejano y tan atractivo para un niño deseoso de nuevos mundos…  Ahí comenzó la emigración, preparando durante meses el viaje, mientras mi padre, trataba de rentabilizar el tiempo, trabajando unos meses en Francia primero, y luego en Holanda.

Esa mirada de niño, cambió muy rápidamente para siempre; mientras esperaba que mis padres hicieran los trámites para pasar la aduana, me dejaron a cargo de todo el equipaje… y, en ese ínterin, alguien birló un par de cosas del baúl, aun abierto para la inspección.

Pero, todo eso es otra historia, que quizá, en otro momento, me anime a desarrollarla. Ahora estábamos en marzo de 1967, y mi inicio en un nuevo colegio y una nueva responsabilidad, ya que comenzaba la escuela secundaria, y de ahí saldría a no sabía dónde.

Había elegido Comercial, sin saber muy bien porqué, ya que en realidad siempre había dicho que quería ser ingeniero, sobre todo cuando el cura de la aldea, intentaba convencer a mi padre y a mí mismo, para que fuera al seminario. Si lo hubiera hecho, posiblemente me hubieran echado el primer año. Elegí Comercial, dentro de tres posibilidades, una de ellas era Industrial, y la otra era Bachillerato (nacional). El mejor colegio de Industrial me quedaba muy cerca de casa, el de nacional también, y el de comercial me quedaba más lejos, que, lógicamente requería viajar en colectivo (autobús) y ahí me fui… como siempre, haciendo lo más difícil.

Solo tomé la decisión, posiblemente mi tío haya ayudado algo, pero todo lo hice solo. Ir a averiguar, preparar el examen de ingreso… solo, recorrí media ciudad, para al final acabar en la Escuela de Comercio Nº1 Dr. Joaquín V. González y, en ese mes de marzo de 1967, entré por segunda vez al edificio, pero esta vez como alumno, a ver que me deparaba la vida. Era temprano, las clases comenzaban temprano y, entrar, significaba pasar al patio, y formar en filas, tipo servicio militar, según la división que nos habían designado, y con el preceptor –cuidador, vigilante, primero, y más tarde alguno amigo-, y luego de ahí al aula que nos correspondía. Esa misma rutina durante los siguientes 5 años.

Al aula, y así fueron apareciendo los profesores del día, y durante la semana, los fuimos conociendo uno por uno, y anotando las exigencias que cada uno tenía para su asignatura. Castellano, Botánica, Matemáticas, Geografía, Historia Antigua, Educación Democrática, Contabilidad, Caligrafía, Inglés, Música.

Todos éramos distintos, pero el único diferente era yo… mi acento me delataba y ya había pasado por aquello, durante los meses pasados en el Colegio San Francisco, con mis compañeros… el gallego, el gallego pata sucia… las risas por mi acento y además del acento español clásico, el mío estaba acentuado por el gallego, así que por lo tanto, traté de tomármelo con una cierta calma y llevarlo lo mejor posible.

En menos de un año, había cambiado toda mi vida, de segundo año de bachillerato en España, había pasado (unos meses) por el 7º grado en la primaria, y luego al primer año en la secundaria en Buenos Aires. De las matemáticas financieras, a la matemática moderna (Teoría de conjuntos), del francés al inglés, y de mis compañeros de juegos y de clase en mi pequeño pueblo, a mis compañeros nuevos  en una ciudad inmensa. De una casa con finca y frutales, a una habitación con derecho a cocina, en un cubículo de 3 m2 como máximo, baño compartido por tres familias a 10/15 metros… ¡qué frío se pasaba en invierno!!!

Así comenzó mi historia en el Joaquín V González y todos sus componentes: Rectorado, profesores, preceptores y compañeros… La historia de 5 años, con sus altos y bajos, con amigos y no tan amigos. Ha sido una historia intensa y cuyo balance ha sido muy positivo, para aquél niño con acento “raro”, tímido, y a veces incomprendido, pero que supo sobreponerse a todo eso, con ayuda de algunos profesores, de compañeros que se transformaron en amigos con el transcurso del tiempo… No sólo conseguí conocimientos, conseguí amigos, conseguí una educación, y una metodología de rigor (que ya llevaba, pero más rígida) que más tarde me sería muy útil.

No todos siguieron en la mañana ni en el mismo grupo, ni siquiera en el colegio, durante los cinco años alguien se fue quedando… y también añadiendo…"



26 de abril de 2019

Un Atribulado de la 67, y el Deseo de Volver a Ser.



"Llega un momento en la vida, que uno avanza a paso más lento, y además mira hacia atrás, para recordar, sobre todo, de dónde viene y cómo ha llegado hasta aquí… Cómo ha recorrido ese camino y con quién lo ha recorrido… En ese camino, en el que se han ido quedando lugares, establecimientos, instituciones, empresas y personas… personas, de las que nos hemos alejando o se han alejado, por diversas causas… desde el hecho de no compartir nada o poco con ellas, hasta aquellas que la vida nos ha llevado por caminos diversos, a pesar de compartir mucho… Caminos diversos y tiempo, es una combinación especial, que hace que hoy uno no sepa dónde están ni lo que hacen, aquellos con los que un día, se ha compartido mucho de la vida…

Sin embargo, ahora, que los hijos han crecido y se han ido, y que la profesión ya no es acuciante, y que además de caminar y correr en pos de objetivos de vida personales y profesionales; ahora, que tenemos un tiempo más reflexivo, ahora es el momento de mirar hacia atrás, no con la nostalgia de que todo tiempo pasado ha sido mejor, sino con la nostalgia de intentar volver a encontrar a parte de aquellos que compartieron parte del camino…

Por eso, ahora me he puesto en campaña, para buscar a mis antiguos compañeros de la escuela secundaria, y algunos de ellos, buenos amigos en aquellos tiempos  e incluso años después… Es una forma de ir cerrando una línea, para llevarla al círculo…

Lamentablemente, ni Buenos Aires en particular, ni Argentina en general han avanzado en estos más de 40 años, y la consecuencia de ello, es que instituciones como nuestro colegio, es que tampoco avanzara.

Nuestra generación ha vivido, una etapa muy dura, variada y complicada, desde el punto de vista social y político. Por ello, supongo, que no será fácil la búsqueda…  Accedimos a la escuela secundaria en pleno gobierno militar, y finalizamos la escuela secundaria, con otro gobierno, pero también militar… Iniciamos la universidad en la misma forma, hasta 1973, que llegó la democracia revisionista, y con lucha de grupos guerrilleros de montoneros, erp, etc., produciéndose una especie de “autogolpe” en 1974, que sin acabar con el gobierno, sí llevó a unos cambios drásticos, que terminarían con el golpe militar en marzo de 1976, cuándo aun no habíamos acabado la universidad… ¡tiempos muy duros, difíciles y cambiantes!

No existe una asociación de ex alumnos oficial, ni tampoco, pareciera que interés por parte del colegio de crearla o ayudar a que surja y pueda aglutinar a miles de estudiantes que durante tantos años han pasado por sus aulas… ¡Lástima que no se haya hecho!, pero aún no es tarde, y desde aquí, hago un llamamiento a mis condiscípulos y a la propia dirección del colegio, que nos pongamos en marcha…"

José M Canedo Iglesias
promo'67


N. de la R.: excelente idea, aunque creo que legalmente están sentadas las
                  bases y registros de una Asociación de ex alumnos.

17 de agosto de 2015

El Atribulado sigue cosechando éxitos.

"En Ediciones Alféizar estamos de enhorabuena. El reciente fichaje de Néstor Rubén Giménez en exclusiva para la editorial es un acontecimiento que nos llena de orgullo. Cualquiera de los lectores que conozcan los relatos de Néstor Rubén Giménez sabrán que no se le puede considerar un escritor novel, su trayectoria como escritor de relatos es extensa y fructífera. Sin embargo, después de tantos años y textos recorriendo las redes cibernéticas y regalando emociones con sus historias cortas, hasta hoy no reunía parte de su trabajo narrativo en un libro. Era increíble pensar que un autor como Néstor Rubén Giménez no tuviese libro alguno en los anaqueles de las librerías. "La Flor del Parque y otros cuentos" es el primer libro de este autor argentino, que sabe conjugar como nadie el hechizo de su acento natural con la fantasía propia de algunos privilegiados. Los relatos de este autor han salido premiados de tantos certámenes como han participado. Sus cuentos son conocidos y celebrados por muchos lectores latinoamericanos y españoles, porque este argento de nacimiento también lleva en sus venas la luz malagueña de sus antepasados, que la deja ver con la sensibilidad y frescura que solo los honestos de corazón pueden transmitir escribiendo.
"La Flor del Parque y otros cuentos" adelanta por varias semanas su venta como primicia en Amazon, también a través de la web de Ediciones Alféizar:edicionesalféizar.com."


Felicitaciones a nuestro amigo Atribulado, Nestor Gimenez (promo'74), por otro éxito literario, esta vez con "yapa" porque la tapa está ilustrada por la fotografía con la que Eduardo Amor (promo'76) ganó el 1er premio de fotografía en el concurso "Mi Café Sagrado", organizado por el gobierno de la Ciudad en el 2011.

27 de marzo de 2015

El Atribulado sigue cosechando logros.

Estimados joaquineros, nuestro tan querido atribulado nos comenta humildemente que otro cuento de su autoría, “La gente de la ciudad de Russell”, es finalista en el VII Certamen Nacional de Poesía y Cuento Breve de Ediciones Ruinas Circulares, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina (marzo 2015). 
Dijo el atribulado: "ah, me olvidaba, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia."


La gente de la ciudad de Russell

“El hombre dice llamarse Russell y es fotógrafo, o se
gana la vida como fotógrafo, y tiene su laboratorio en
la calle Bacacay y pasa meses sin salir de su casa
reconstruyendo periódicamente los barrios del sur que la
crecida del río arrasa y hunde cada vez que llega el otoño”.
Ricardo Piglia
Como en una pesadilla, me sentí inmerso en la ciudad de Russell.
No era gran cosa, parecía la creación de un tramoyista surrealista. Aceras angostas con árboles de copas perfectas que proyectan sus sombras sobre los adoquines. Busqué el sol pero no lo hallé.
Gente extraña, como robada de relatos fabulosos, habitan esta ciudad.
– Al final, la ciudad terminó invadida por locos – dijo.
– ¿Por locos?
– ¡Calle, hable bajo!, aquí la locura es una forma de vida.
– Pero, ¿por qué dice que son locos?
– En las noches de luna llena, esta gente cree transformarse en seres alados de colores fríos. Dicen que vuelan, entran y salen del cielo y del infierno. Todos ellos tienen sus almas devaluadas. Las pobres, indefectiblemente, terminarán arrastrándose en el fango del purgatorio. Antes de eso, algunas prefieren abandonar los cuerpos para terminar desvaneciéndose en limbos de recuerdos, huyendo por ríos de melancolías. Otras, avergonzadas, buscan esconderse porque sus dueños cometieron atrocidades o, simplemente, las vendieron.
– No entiendo.
– ¿Pretende entender?, ¡aquí ya nadie se preocupa por entender! Confunden las cosas; mezclan recuerdos con fantasías y así suponen comprender el presente. Observe sus miradas, ¿qué ve?
– Nada…
– No ve nada porque son miradas siliconadas, hambrientas de sofisticación. Esta gente deambula lánguida, confundida por un canto de medusas disfrazadas de sirenas. Si esto sigue así, todos terminaremos dentro de un círculo vicioso de miradas sin calor. Apropósito, ¿ha visto los fuegos?
– ¿Qué fuegos?
– Los fuegos que iluminan las noches pero, como ellos, carecen de calor. Aquí, toda calidez es absorbida por las estatuas de las plazas ¿Sabe qué se necesita?
– No.
– ¡Dosis de utopías! Solo las utopías pueden dar calor a los pechos de estos desdichados para colmarlos de pasiones. Tiempos dignos los de las utopías dónde los grandes amores eran posibles y las almas volaban libres persiguiendo quimeras ¡Pobres desdichados!, hoy sobreviven atrincherados resistiendo el presente. Ya no hay idioma que los interprete ni tienen nada que imponer siquiera por prepotencia. Esta es una ciudad ocupada por gente hueca, incapaz de reconocer a sus enemigos y los males que ellos les provocan.
Escapé de la pesadilla; confundido, sudado y temblando. Me levanté y abrí la ventana. Busqué el sol pero no lo hallé. Perturbado, vi como las sombras de los árboles caían sobre los adoquines.

15 de marzo de 2015

El atribulado también cocina rico.

Nuestro amigo Nestor Gimenez (promo'74) también dedica su tiempo a la fabricación y venta de dulces, conservas, y licores.









24 de octubre de 2009

Esto no es del atribulado.

Tal como refiere el título, esto no le escribió el atribulado a quien todos conocemos... pero es de la misma escuela.
.
.
"Cuando vos entrabas al Joaquin, desde 1er año nomás, ya sabía lo que te esperaba en quinto.
Allá por el 72, justo cuando ingresé a primer año, era la primera vez que la Escuela de Comercio Nº1 incorporaba mujeres.
Y pasaron los años y llegó el 76… y empezamos 5to sin que haya cambiado nada a favor nuestro. Todas nuestras esperanzas de que alguno no estuviera más en el transcurso de esos cuatro años se había desvanecido.
Todo el mundo sabía que en el último año, la mayoría se llevaba a examen alguna de las cuatro básicas (o las cuatro): estenografía (taquigrafía) con “el enano” Barcia, contabilidad con “la rusa” Trastemberg, matemática financiera con Whelan, y merceología con Spinelli.
Ahora bien, cada uno tenía su propio motivo para llegar a la estúpida conclusión de que los alumnos debían irse a examen, o dicho de otra forma, no aprobar la materia. Pero el caso de Spinelli era un tanto especial, sobre todo si uno era varoncito, porque este profesor era un poco amanerado. A decir verdad, y considerando la época, era muy difícil descubrir un trolo, pero a Spinelli le faltaba el cartelito y la flecha señalándolo.
Teniendo en cuenta que esto sucedía a mediados de la década del 70, saber que alguien era homosexual resultaba todo una novedad, y estar cerca de esa persona significaba ser visto y señalado por el resto de la humanidad.
Contrariamente a lo que suponíamos, las mujeres lo pasaban relativamente bien por cuanto a este profesor directamente no le interesaban, así que trataba de aprobarlas para no tener que verlas más de lo mínimo que exigía el calendario escolar. Pero a los varones…
Algo realmente llamativo y detestable a la vez, era el hecho de que le gustaba prestar libros a sus alumnos, para lo cual aprovechaba los recreos largos de diez minutos, ése que iba de 9.55 a 10.05 hs y que todos queríamos aprovechar para ir corriendo a la cantina a comernos una hamburguesa. Aunque creo que tratábamos de correr para salir rápido y que no nos “enganchara” para prestarnos libros. Porque si hubiese sido tan sólo un préstamo, no importaba porque lo devolvíamos al día siguiente y listo. El tema pasaba por la charla que había que tener con él durante los diez minutos del recreo largo y un poco más hasta que llegara el profesor de la hora siguiente.
En mi caso, yo pensaba que habiendo tenido un hermano que terminó dos años antes iba a ser un aliciente para toda esta cuestión, pero no. No sólo no fue así sino que además debí sumarle que mi apellido no me ayudaba mucho que digamos. Si bien nunca me habían cargado por ello, tampoco me imaginé que justo este tipo raro iba a venir a decirme a mi que era al único que no llamaba por el nombre porque disfrutaba diciéndome “amor” (tal cual).
Y venía esquivando el bulto, sin que esto sea tomado literalmente, hasta que no pude… y me llamó para que pase al frente, pero no a dar lección sino para decirme que en cuanto sonara el timbre no me retirara corriendo como lo hacía todos los miércoles , agregando que quería conversar conmigo en el recreo.
Era mi turno. Ya varios habían pasado por esa vergüenza y ahora me tocaba a mi, y no podía hacer nada.
Como para tener una idea más precisa de lo que esto significaba, la charla transcurría en el medio del patio grande de la planta baja, cerca muy cerca del mástil de la bandera, pero al estar vacío de alumnos resultaba muy fácil detectar desde cualquier punto del colegio lo que allí sucedía. En síntesis, te veían todos desde primero hasta quinto año. Todos veían quien estaba charlando con el profesor raro. Pero por suerte nadie podía detectar, dada la distancia, los títulos de los libras que en mano te entregaba. Títulos como “Eyaculación precoz”, “Posiciones en la cama antes de dormir”, “Como mantener una erección sana”, “Vida sexual plena”, “Poluciones nocturnas”, “El hombre y sus deseos ocultos”, y un montón de títulos dignos de ser quemados en Fahrenheit 451.
Y a alguno se le ocurrió devolverlo sin hojearlo siquiera, y ése fue el peor error que pudieron cometer… que pudimos cometer.
Y pasó el año. Y llegó noviembre. Y al entregar las notas del último bimestre nos llamaba uno por uno para darnos la buena nueva… A mi me dijo muy suavemente que como me quería tanto, tenía ganas de seguir viéndome y la única manera de conseguirlo era enviándome a rendir la materia en diciembre. De nada servía estudiar. Si al tipo le gustabas no había forma de zafar.
Pero para peor, tampoco sirvió estudiar para diciembre porque el examen constó de preguntas que ni siquiera Einstein debió haber sabido las respuestas. Al entregarme el permiso de examen con el bochazo escrito y firmado (todavía lo tengo), me dijo que nos veríamos en marzo porque me quería y necesitaba seguir viéndome. A esa altura, resignado, simplemente me retiré mascullando: “porque no te moris de una vez puto de mierda…”.
Y llegó marzo y pude aprobar la maldita materia “merceología” porque durante todo el verano en Mar del Plata estudié todo lo que se me podía ocurrir que el coso ése quisiera preguntarme.
Cuando vos entrabas al Joaquin, desde 1er año nomás, ya sabía lo que te esperaba en quinto.
Pero no todo era oscuro y gris como las cuatro materias básicas que te llevabas a examen. También estaba “el gordo” Celestino, también conocido como “matute”, el preceptor…un amigo como pocos y con todas las letras, de esos que uno jamás olvida.
.

11 de octubre de 2009

Otra Semblanzas del Atribulado


Cuando Eduardo Amor sacó esta foto en agosto, lo hizo intuitivamente porque este busto sufrió estoicamente el paso del alumnado, y reencontrarse con él fue como ver a un viejo amigo después de tantos años... al punto que casi le dice: "Pero estás igual!!!".
Y que mejor que recordarlo en un párrafo escrito por nuestro gran amigo El Atribulado.
.
"... Si cuarto año había sido un descalabro imaginen quinto en pleno rebrote de todo, 1974 fue para la Argentina un año agitado y el JVG no estaba ajeno a eso. La vestimenta había venido variando de año en año: las mujeres mantenían sus guardapolvos bien cortitos, los cabellos sueltos, zapatillas y medias tres cuartos. En los varones era donde se notaba la mayor diferencia. Había quienes continuaban con sus blaiser azules derechos o cruzados, camisa, zapatos… bien formales. Pero estábamos los otros... hablaré de mí. Generalmente acudía al JVG vestido con una camisa Lee de jean, vaqueros azules y zapatillas blancas Adidas; el cabello caía profusamente sobre los hombros y una desprolija e insipiente barba ¡sí, desde que comenzó a nacerme la barba jamás me la quité!
Habiendo sido delegado estudiantil en los cuatro años; el quinto no sería distinto con la carga de ser también delegado del JVG en la UES. Para mí era un espacio ideológico y dialéctico donde el debate era la vedette.
Las experiencias vividas por todos en tanto tiempo acrecentadas por las que traían los desplazados de otros colegios convirtieron a esa promoción en un ícono. Las jodas ya no esperaban el final del curso; se daban a lo largo de todo el año.
Por ejemplo: cambiábamos los bustos de los próceres de lugar e incluso los hacíamos desaparecer por semanas. Un tal Juan Rufo que estaba en el descanso de la escalera principal terminó en el fondo de la piscina y fue rescatado por uno de los profesores de educación física. A otros les tocó el privilegio de cambiar de look: corbatas de colores, curitas, sombreros como el de los pintores hechos de papel o un faso pegado con un chicle en la comisura de los labios. También poníamos en sus cabezas a modo de sombrero los pañuelos de tela con cuatro nudos, las chicas los maquillaban y con los lápices de labios le dibujaban en la frente el signo de la paz. Le colgábamos carteles con la inscripción: “soy hippie”, “me la como”, etcétera. Había otro prócer de apellido Verga al que lo teníamos alquilado ¡toda una tentación!, a ése lo dábamos vuelta de cara a la pared y le colgamos un cartel que decía: “se atiende a la vuelta” y la mayoría de los días su apellido en la placa de bronce aparecía resaltado con tiza blanca.
El disco de “Aurora” fue cambiado varias veces por otros más de “onda”, incluso en oportunidades apareció sonando la marcha peronista cantada por Hugo del Carril.
Una decena de veces desapareció la bandera y en su lugar poníamos algún otro trapo partidario pero nunca llegó a izarse.
Utilizábamos trozos de espirales como mecha cronometrada para qué en horas de clase explotara cualquier pirotecnia en el lugar menos esperado. Los baños eran los preferidos e incluso en aquellos que eran utilizados por los profesores. Recuerdo qué en una oportunidad uno de ellos salió espantado por el estruendo con los pantalones a medio subir.
Los cumpleaños de compañeros se festejaban con “cariñosas golpizas” o “malteadas” pero según el aprecio qué se les tenía esa tradición se fue cambiando. Recuerdo que a “Tato Griguoli” le quitamos los zapatos, las medias y el pantalón y lo dejamos sentado en su pupitre durante toda la hora de derecho. Cuando la inolvidable profesora Yeregui hacía alguna pregunta todos a coro postulábamos a “Tato” para que pase y exponga. Íntimamente creo que la profesora sabía o intuyó cómo venía la joda y se sumó en un momento haciendo enrojecer al semidesnudo invitándolo a pasar al frente. La ropa terminó una por cada sitio y al pantalón intentamos colgarlo del semáforo de Montes de Oca pero fue imposible."
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gracias Néstor...

29 de julio de 2009

Del atribulado y un aporte de Daniel Hachur sobre Whelan..

"Recuerdo a mi compañero de banco: Manuel Lema Beltran un excelente jugador de fútbol que llegó a jugar en el Deportivo Español. Además era un alumno aplicado con muy buenas calificaciones hasta que se encontró con Whelan.
Como dices, Whelan era actuario y un genio en matemática, conocía la tabla de logaritmos decimales y neperianos casi de memoria.
Un día el profesor nos fue llamando uno por uno para informarnos sobre las calificaciones del segundo bimestre. Manuel había sacado un "1" en el primero y yo me encontraba junto a él justo en el momento que Whelan lo llamó. El tipo infundía temor más que respeto.
− Señor Lema, usted a mejorado sustancialmente del primer bimestre al segundo y yo estoy muy satisfecho con su desempeño −Manuel comenzaba a esbozar una sonrisa−. Es más, le pido qué me traiga su carpeta para dirigirle una nota de felicitaciones a sus padres para que ellos compartan con usted el logro obtenido −con una alegría que podía leerse en su rostro, Manuel fue por la carpeta, la depositó sobre el escritorio y Whelan comenzó a escribir mientras repetía en voz alta lo dicho para concluir con…− y su nota en el segundo bimestre es un "2"-
Manuel giró y nos miramos consternados. Él no sabía si Whelan estaba hablando en serio o le estaba tomando el pelo… pero ¡no!, ese tipo era así.
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gracias Néstor y Daniel

27 de junio de 2009

Comentarios de lo publicado por Marta Veleiro.

Así es la internet.
Llegaron a nuestras manos varios mail con comentarios relacionados a Whelan y que surgieron a partir del relato de Marta Veleiro (promo'74) publicado el 12 de junio pasado y que nos enviara el atribulado. Creemos que son todos de la promo'72, y que alguien que entró al blog se lo reenvió a otros y así fueron aportando... excelente cadena.

Dijo Jorge Schedden: "A ver quien se acuerda de las tribulaciones nuestras..."

Dijo Jose Luis Gonzalez: "Es brillante este testimonio!!! de dónde lo sacaste??? Me parece estar viviéndolo en este momento. Lunes, miércoles y viernes, en la primer hora? Y que alegría cuando faltaba. Me acuerdo cuando los de 5to 2da y 5to 3ra venían a preguntar si el tío había faltado. Excelente lo tuyo Georgie!!!"

Dijo Oscar Fontela: "Yo no aprobé matemática financiera pero si recuerdo cuando dió las notas del primer bimestre, me llamó al frente y me felicitó delante de todos por haberme sacado un cuatro (no se como mierda lo hice). Al otro bimestre cuando dió nuevamente las notas también me hizo pasar al frente y el muy hijo de puta me dijo que tenía un dos y que estaba muy preocupado porque habia bajado mi promedio. ¡Como me voy a olvidar de ese turro! Chau, hasta la próxima, saludos a todos."

Dijo Fransisco Daniel Hernandez: "Queridos compañeros SALUD LA BARRA!!! Me encantó ver el relato de srta Veleiro, me hizo acordar a Juvenilia libro con el que nos torturaban. Titularé este párrafo “LA CAIDA DE UN IDOLO”. Si mi memoria no falla Matemática Financiera creo que la habremos aprobado de entrada no más de 5 compañeros entre los que me encontraba. Yo tenía buenas notas, era escolta de la bandera y me recibió el primer bimestre con un 5 y el segundo me felicitó calurosamente diciéndome que había mejorado mucho y me puso un 5,50. Estaba al borde de la desesperación hasta que un día mientras el escribía esos largos desarrollos matemáticos en el pizarrón advertí que se había equivocado, y lo corregí diciéndole “Señor esa fórmula es a sub 'n' a la menos uno, no a la uno”. El tipo se dió vuelta blanco de rabia, miró la fórmula y dijo "Esta usted en lo correcto", y de allí en adelante cambió mi vida. Tercer bimestre 9, cuarto bimestre 10 de promedio y carpetas a lo de Caceres Zelaya, en fin todo extraordinario. Pero para mi ésta no es la parte importante de la anécdota que no es más que lo que la srta Veleiro relató anteriormente y que ha descripto tan bien al personaje. La vida siempre da revancha y yo la tuve caminando por la rambla de Mar del Plata unos cinco años después, estaba recibido, y me cruzo al Dr Whelan con su esposa parecida a la esposa del granjero en BABE. Yo me acerqué y lo saludé tratándo de explicarle quien era yo, el tipo se puso blanco pues evidentemente no se acordaba nada, pero lo más gracioso es que cada vez que trataba de hacer memoria, la esposa le propinaba un codazo y le decía: "Claro si vos me comentaste, te acordás seguro de él" e iba otro codazo. Bueno, se terminaron las formalidades y yo me despedí con una media sonrisa pues compadecí su suerte en la elección de su compañera la cual lo torturaba mediante codazos al abdomen. En fin, una anécdota mas. Un abrazo a todos.
Francisco Daniel Hernandez, PANCHO."

Dijo Oscar Lafont: "Hola Muchachos, quiero hacer mías las palabras de una profe a quien quise mucho, que fue la Susana. Hablando de Whelan, una vez me dijo: "Si en una división todos los años se van a examen mas del 90% del alumnado, la falla está en el profesor y no en los alumnos. Yo fui uno de los cinco que se eximió (aguante La Nelly, mi hermana), pero siempre pensé que como profesor este tipo era un desastre. Pero bueno, formó parte de un inolvidable momento de nuestras vidas. Y hasta algo que nos hizo sufrir tanto como este tipo, y la pucha que sufriamos, hoy lo recordamos con mucho cariño. Un abrazo a todos. Oscar."

Dijo Jorge Schedden: "Apareció el quinto… POCHOLO! Te acordás la canción que te cantábamos con base en la de Leonardo Favio, Din Don Din Don…???".

Dijo Osvaldo Cosentino: "Jorgito, gracias por pensar que podía ser el quinto, pero este marciano me aplastó como si me hubiera embocado un Scania (líder en esa época según el Gallego II), me mandó a marzo y ahí aprobé con un 4 sin que faltara el comentario de "su preocupación por mi baja performace sabiendo que puedo dar muchísimo mas"... en fin también lo llevo en el recuerdo pero no en mis afectos. No me enseñó un carajo, por eso estoy de acuerdo con el comentario de la Susana. Gente, es muy gratificante estar conectados con todos y contando nuestras vivencias en la mejor etapa de nuestras vidas. Abrazos para todos."

Dijo Jose Luis Gonzalez: "Antes que se desvirtue todo el tema, agrego que para mi, más allá que le diera bola o no a la materia, el tipo como profesor era lamentable. Ahora, después de tantos años como anécdota es inolvidable."

26 de junio de 2009

Otras tribulaciones.

El atribulado tiene sus admiradores y como era de esperarse ahora también tiene discípulos.
Tal es el caso de Armando Tabaschi que nos envió el siguiente relato, con un mail que dice:
"Edu por sobre todo, me emociona el blog y no puedo menos que responder con algo, te mando en un Word adjunto, una historia al mejor estilo "ATRIBULADO". Me saco el sombrero ante sus semblanzas, ante los que no podré ni aspiro a competir. Es sobre el profesor Spinelli, creo que está buena y es un recuerdo constante de nuestras reuniones... un fuerte abrazo y de nuevo gracias... Armando."
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Del profesor de Merceología, Alberto Spinelli, y sus vericuetos y peripecias en 5to 1ra. 1982.
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Corría 1982, y estábamos conociendo a los nuevos profesores con los que compartiríamos el resto de nuestro último año en el Joaco. Nosotros, siempre perversos, agazapados a ver que clase de personajes nos iban a tocar en suerte para ese período y ahí fueron apareciendo, de algunos de a uno. Ya teníamos ciertas referencias de alguno que otro y así iban cayendo. Contabilidad, la Ferreres... "señoreé dos minutitos", su caballito de batalla, un dolor de testículos u ovarios para la mayoría… Boimorto en Matemática Financiera, con una particularidad irrepetible: la única manera de aprobar era copiándote y yo era de madera para eso, única materia a examen, el resto, el que se copió, digo, safó… Rivero en la detestada Taquigrafía, otro dolor de cabeza… Marconi, un ultra altísimo personaje, que amerita una historia aparte en otra ocasión, en dos materias: Derecho Administrativo y la otra era Economía Política. El gordo Binda en Organización del Comercio, otro alto personaje que lucía unas corbatas altamente psicodélicas… la querida Yeregui en otro Derecho, creo que era Comercial, Papurello en Gimnasia, Perez Salas, en Ingles, vieja conocida, y en Merceologia al flaco Alberto Spinelli, acerca de quien me explayaré a continuación.
Lo de flaco, aparte que lo era, fue en obvia alusión al flaco Spinetta de quien varios éramos fanáticos. El flaco Luis Alberto Spinelli, sería para nos… y bueh comenzaron las clases con este buen hombre, un tipo ni garca ni dadivoso, había que ganarse la nota o sino… hablar con él, si si si, si no hablabas con él, estabas literalmente frito y a mi casi me frita. Había que hablar con él y nada mas.
La historia reza que ante la estupefacta mirada de los alumnos/as, el tipo cuando empezaba la clase, tomaba la lista y decía por ejemplo: "hoy quiero charlar con Gustavito Stefano, o Armandito Tabacchi o Jorgito Gutiérrez o Huguito de La Iglesia o...", siempre en diminutivos, siempre hombres jamás una mujer… con una sola excepción… Entonces la secuencia era: te llamaba, vos ibas y te prestaba un libro, te lo entregaba, lo tenias que leer y después los comentaba con cada uno personalmente, si si, no en clase, no en el frente, personalmente cuando sonaba el timbre del recreo… Siempre el mismo rito, agarraba la lista, elegía a un pibe y preparaba su librito o llamaba a alguien a quien ya le había prestado el libro para el descargo respectivo.
Sólo una chica, la excepción, mi también amiguísima Deby Mariño, quien ante la sorpresa de Spinelli, lo encaró y lo increpó diciéndole que las mujeres también tenían derechos a ser acreedoras a sus libros, ante lo cual don Spinelli no tuvo más que acceder y prestarle una de sus preseas a Deby.
Spinelli era altamente católico. Algunos aventuraban que pertenecía al Opus Dei, no nos olvidemos que aún eran épocas de un alto fundamentalismo militar, ya en baja, y también religioso, al menos en lo aparente.
Los libros no salían mucho de esos temas, hablaban de las "Precauciones de tipo sexual", "Observaciones sobre las practicidades de la castidad", etc. A mi me había prestado uno que se llamaba "Triunfo" que hablaba sobre el éxito en la vida y no recuerdo muy bien que más y que justamente yo iba a serlo, pero había que seguir las pautas.
Hasta ahí la secuencia: convocatoria de alumno, préstamo de libro y descargo del mismo en el recreo, con comentario incluido. Ahí, justamente ahí, empezaba el padecimiento del que quedaba en el patio con Spinelli. ¿Recuerdan los escudos del Joaquin?, nos sacábamos el escudo y le pinchábamos el upite a la víctima de ocasión o nos íbamos a un piso superior y desde ahí le hacíamos todo tipo de monerías al sujeto apresado en la ocasión, quien debía invariablemente que contener lo incontenible: la risa.
Spinelli tenía sus favoritos, entre los que gustaba convocar. El más favorito era Gustavito Stefano, uno de los altos hermanos que me regaló la vida, con quien aún compartimos muchísimas cosas… con quien remataré la historia. También solía llevarnos a menudo de excursión los domingos a un club en Castelar creo era el club del INTA al cual él pertenecía y le permitían asistir con sus alumnos.
También pasábamos unos panfletos que hacía otro compañero el flaco Soriani, quien era muy habilidoso con el lápiz, con la figura de Spinelli con una guitarra cruzada que decía: "el Flaco Spinelli presenta su nuevo disco "Los niños que escriben en el pizarrón" (en otra obvia alusión a Spinetta que en ese entonces tenía un disco llamado "Los niños que escriben en el cielo"), y en otra cita, pero esta vez a Piero, el panfleto rezaba: "Vení con tu ropa blanca y tu instrumento y el flaco te va a hacer cantar en el frente" (Piero convocaba a la gente a sus recitales de ese modo). El panfleto corría un día antes de su clase o un poco antes de ella.
La cuestión que a mi no me gustaba ni un poco hablar con Spinelli porque, y acá viene lo más cómico, el tipo de constante me preguntaba acerca de mi vocación como sacerdote, que jamás existió, pero como solía ir a la iglesia y no se como se enteró, me impulsaba a tomarle cariño a los seminarios, cuando yo lo único que quería era tocar mi guitarra… Como le escapaba, siempre me llamaba al frente y casi me manda a examen por 0,50 centésimos en un hecho confeso por el mismo.
Y ahora si, el final de la historia. Volvemos a Gustavo Stefano, el preferido, quien obviamente, con otros, tenían con toda comodidad aprobada la materia sin haber visitado el frente jamás. Escenario: último día de clase de Merceología del año, da las notas finales y nos llama a Gus y a mi. Gus por ese entonces era absolutamente ateo, el único que yo conocía y Spinelli indagando, sabía que era de mi círculo más íntimo y nos convocó a ambos a una reunioncita post clase, adentro del aula, y vemos que pela dos libritos (naranja era la tapa, me acuerdo como si fuera ayer). ¡Eran de catecismo!, la cosa tomaba tintes netamentes bizarros:
- "Armandito", me dice muy solemnemente, sacando su lengua afuera, cosa habitual en él, "te encomiendo una tarea hermosa y es que lo prepares a Gustavito para que sea bautizado".
Con nuestros ojos dados vuelta por la situación, GUS y yo no conteníamos la risa y los espasmos producidos por la disparatada circunstancia. Lo más rápido posible nos rajamos con nuestros libros, pensando que no lo íbamos a ver más al protagonista principal de la historia y… va fangulo. En parte fue así, pero… Spinelli se tomaba el trabajo post colegio, ya dando los ingresos a la Facu y por un largo tiempo de llamarlo a Gus a la casa para ver como evolucionaba su preparación, que, como imaginaran, obviamente, jamás existió, con el correr de los años y que él trataba de eludir cuando Spinelli lo llamaba a la casa en una cosa casi obsesiva, y ahí quedo el tema. Con el paso del tiempo Gus modifico algunas ideas, pero no tengan dudas que nada tuvo que ver con lo que Spinelli intentaba inculcar.
No creo a la distancia, lo que muchos podrían llegar a insinuar de Spinelli acerca de convocar siempre a chicos, estimo que estaba tan compenetrado con la religión que el hecho de evangelizar para él era prioritario e intentaba de un modo no muy convencional para una manga de atorrantes adiestrarnos en menesteres de esta naturaleza.
No lo llegué a tener luego de profesor en Económicas porque se había jubilado, me hubiera gustado. Para nosotros fue un altísimo personaje, buen tipo, buen corazón, pero con algunas cosas que daban para el comentario continuo, aun hoy…
Saludos. Armando.
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gracias Armando.

24 de junio de 2009

El atribulado quiere más.


Ya está. Lo vengo diciendo después del partido con los cuervos… ya está.
Aunque íntimamente quiero más y más, como el buen sexo. A cada uno que me pregunta si saldremos campeones les respondo “que a este equipo no se le puede pedir más”, “que nos dieron muchas satisfacciones”, “que aunque no hubo tiki tiki, después del parricidio yo ya me doy por hecho”, “que empezamos para rasguñar puntos y zafar de la zona caliente y mirá hasta donde llegamos”… pero ¿saben qué? ¡es mentira! ¡quiero más!
Quiero más aunque mi mujer me desconfíe cuando le digo que estuve en la cancha, le digo: “te juro qué no miento”, pero no hay caso. Es que no cree que vuelva lleno de moretones porque ando pidiendo en la tribuna que otro viejo quemero me pellizque para poder creérmela.
Pero que se entienda, cuando digo qué “quiero más" no me refiero al título, quiero más porque quiero seguir aplaudiendo hasta que no sienta las manos y cantar… "nooo, no te vallas campeón quiero verte otra vez”.
Tantas frustraciones que empezaba a flaquear y creer que las utopías se acabaron y que aquello que pregonamos los “líricos” efectivamente se había extinguido como los dinosaurios. Y pensar que luego de la salida de Úbeda yo pedía a Madelón para salvarnos y termina viniendo Capa para recordarme de forma sencilla que es posible. Que cualquier tipo de poder junto con otros tantos fantasmas que solemos utilizar como pretextos no son nada y terminan rindiéndose ante el convencimiento de una idea.
Por eso, a dos semanas de terminar el campeonato, cuando estamos ahí nomás de coronar una campaña de escasos seis meses repito: “ya está”. Porque finalmente estos muchachos me recordaron que lo importante son los argumentos con los que se llega al objetivo. Por eso lloro al final de cada partido. Lloro por emoción pero también porque el espectáculo se acaba y debo esperar siete días para volver a disfrutar.
No, no te vayas campeón quiero verte otra vez.
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Néstor R. Giménez A.

12 de junio de 2009

Del atribulado y una Marta Veleiro contando algo de Whelan.

Tenía ganas de contar con la versión de alguien que haya aprobado matemática financiera con Whelan y lo encontré. Marta Veleiro nos regala un riquísimo relato que pinta a este extraño personaje sobre el cual no sabremos nunca la verdadera razón de su obsesión por las matemáticas, el sadismo con el que frustraba a tanta juventud y porque las autoridades lo mantenían en su cargo.
Nunca me olvidaré de Nicolás Florencio Whelan.
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Se decía que donaba su sueldo íntegramente a la cooperadora del colegio en una especie de reconocimiento. Él y sus hijos eran ex alumnos, y sus nombres estaban en bronce en el cuadro de honor! Por aquellos años me regalaron un ovejero alemán y lo bauticé Nicolás Florencio lo que demuestra el nivel de masoquismo adolescente que ese profesor generaba en mí. Aún guardo la carpeta de matemática financiera, gruesa como una guía de teléfonos, es la única que guardé de toda la secundaria. Pensé que sería un ejemplo de como llevar una carpeta con índice, hojas numeradas (480 en total), títulos subrayados, número de clase y cada día, a manera de visado, la firma de mi madre al pie de la hoja. Quise repetir la experiencia en otras oportunidades pero me fue imposible. También traté de usarlo como ejemplo para el estudio de mis hijos pero el resultado fue adverso.
En las primeras semanas de clase eligió ocho alumnos para ir de visita a una gran empresa; por supuesto que de 5to 2da no eligió a ninguno. Los que fueron comentaron que el mismo Whelan los llevó en su auto y en el de su señora ¡manejando ella! Que había estado gentil, ameno y los invitó a almorzar y que su esposa lo llamaba “mi calcuradorita” ¡qué menos!
El castigo general para un mal comportamiento en clase era traer para la próxima diez cuentas de multiplicar, de dividir o logaritmos de al menos diez cifras que él mismo nos daba. En ese tiempo no eran comunes las calculadoras de bolsillo así que era todo a cerebro y dedos. Al entregarlas elegía a uno al azar y le hacía repetir alguno de los ejercicios en el pizarrón para comprobar que no se hubiese copiado o recibido algún tipo de ayuda. Al finalizar te preguntaba: "Ahora explíqueme, ¿cómo llegó a este número?"
Whelan hacía las cuentas de memoria con sólo verlas y conocía el resultado antes que el desdichado terminara.
Las pruebas las traía escritas previamente en papel de calcar. Cuando la entregábamos nos calificaba y luego debíamos exponer cual era nuestra opinión sobre la nota y si no estábamos de acuerdo explicar cual sería la calificación que a nuestro parecer nos merecíamos. Él sellaba las hojas con un fechador y les ponía el número de tema. El primer examen fue el 10/4/74 y consistía en cuatro puntos. Dos netamente referidos a la materia y dos algo extraños los que aquí transcribo:
Tema 4:
a) Concepto del número 2.
b) Biografía de Descartes.
Mi respuesta al primer punto fue: número real, positivo y par. Respuesta correcta. En el segundo punto sólo mencioné que ese tema no había sido visto en clase. Luego de que todos entregáramos las hojas él develó las dos respuestas. Dijo que lo de Descartes estaba en el libro y deberíamos haberlo leído. Mi nota era un 2,5 (sic dos y medio puntos, él era tan detallista qué lo escribía en números y letras para que no quedaran dudas). Debajo estaba su firma y un lugar para la mía sobre una nota que decía “Conforme”.
Si a Whelan se lo escuchaba con atención era sencillo saber que todo lo que decía estaba en el libro de matemática financiera y lo podía llegar a tomar. En el segundo examen pidió que calificáramos matemáticamente la estructura del Premio Nobel. Largo tiempo quedé pensado a qué se refería con eso. ¿Sería a su tamaño? ¿su forma? ¿su consistencia? ¿qué tiene que ver esto con matemáticas? No la contesté. La respuesta era: “es una renta vitalicia”. Una vez terminado el examen dio las respuestas y recién ahí recordé que lo había dicho cuando explicó el tema: “un ejemplo de renta vitalicia es el Premio Nobel”.
Las notas conseguidas en los bimestres no me daban y me llevaba la materia a marzo o diciembre. ¿Cómo sería eso de dar examen?, ¡nunca me había llevado una materia, no lo podía creer! A pesar de mis esfuerzos por entender, prestar atención y hacer todo lo que él decía no acertaba una ¡parecía que hablaba en otro idioma!
Confieso que a veces me dormía en sus clases pero un día justo cuando estaba captando algo, Whelan me dijo en forma intempestiva:
− Sita Veleiro -sic: el tipo nos decía “sita” en lugar de señorita- vaya al baño a lavarse la cara para despertarse.
No lo podía creer ¡justo ese día que le estaba captando!, me levanté y le dije:
Yo no me estoy durmiendo, es más, lo sigo atentamente…
− No importa, vaya a lavarse la cara a ver si se despierta
−ya qué insistió salí y aproveché para dar una vuelta por el colegio.
Regresé sobre el final de la hora, después que sonó el timbre, mientras salíamos al recreo, Whelan me llamó.
Sita Veleiro, he revisado sus notas en las otras materias y los promedios con los que terminó 4to año y es usted una excelente alumna especialmente en matemática. También hablé con otros profesores y le tienen un muy buen concepto ¿qué le pasa en mi materia? ¿por qué no presta atención, se dedica más y rinde?
− Usted se equivoca…
− ¡Yo no me equivoco nunca!
− Yo trato de entender pero parece chino básico y justo que hoy estaba captando usted me manda al baño porque cree que me estaba durmiendo…
− Le reitero que yo nunca me equivoco y para que vea que tengo razón de ahora hasta fin de año usted hará en todas las clases una exposición del tema a tratar y al final del curso vamos a hablar de razones.
Ahí comenzó mi calvario. Teníamos matemática financiera las dos primeras horas los lunes y miércoles. Para poder cumplir con su pedido llegaba al colegio media hora antes para escribir el tema del día en el pizarrón antes que él entrara. Luego hacía una explicación del tema y respondía algunas de sus preguntas. Para poder hacer esto le quitaba tiempo a las otras materias y a pesar de mis esfuerzos no conseguía subir mis calificaciones en su materia.
El 7/8/74 escribió en mi carpeta: “Srta. Veleiro: Es importante su labor en esta carpeta pero no llega a traducirla en sus exposiciones además de no participar en clase. Deseo supere sus problemas”
El 23/9 dejó otra nota: "Srta. Marta Veleiro (aquí ya puso mi nombre ¿vendría mejor la mano?): En la revisión de día 7/8 señalé qué debía tener más participación activa y labor en clase. En este último tiempo ha demostrado ser capaz de hacerlo en especial en la exposición del día de la fecha. Deseo continúe así. Visada esta revisión por su Señora Madre, procederé a elevar esta carpeta al Sr. Rector Profesor Eduardo Cáceres Zelaya, a quien destaco su ahínco y firme propósito de progreso en el estudio de la asignatura. Destaco su comportamiento y su formación personal felicitando por ello a su hogar. Buenos Aires, septiembre 23 de 1974”. Termina con su firma y sello.
Como siempre la terminé firmando yo haciendo las veces de madre y se la llevé al rector. Luego la retiré y me encontré con una nota de Cáceres: “Srta. Veleiro: La felicito por el hermoso concepto que de usted escribe el Señor Whelan, Rectoría 2/10/74 su firma y el sello correspondiente.
Faltando algo más de un mes para finalizar las clases, Whelan hizo expulsar a un compañero nuestro, no recuerdo bien el motivo. Al perder la regularidad el pobre debería rendir libres todas las materias. Estábamos indignados y los chicos hicieron una huelga para que se reviera la decisión. Cuando Whelan entraba al salón saludaba y nadie respondía, luego pasaba banco por banco haciendo el saludo personalizado con igual respuesta. Al no encontrar respuesta a nuestra queja redoblamos la apuesta y cuando él entraba todos salíamos en silencio y nos formábamos en el patio. Esto ponía en riesgo la aprobación de la asignatura para los pocos que aún tenían alguna posibilidad pero en solidaridad salieron sin chistar. Por suerte para nuestro compañero, luego de un tiempo conseguimos se reviera la decisión.
Era insoportable soportar la disciplina que Whelan pretendía imponer e imposible seguir sus clases de matemática a un nivel que no se condescendía con el exigido por el colegio en los años anteriores. Nos revelaba el hecho que él nos aplazara gratuitamente.
Llegó la época del cierre de notas. Para el “acto” citó al rector y ante él nos iba llamando por riguroso orden alfabético. Whelan estaba parado junto a Cáceres y nos hacía ubicar delante de ambos para exponer el concepto qué tenía de la “víctima” y el desempeño mostrado durante el año. Luego recitaba todas las notas obtenidas y el promedio final. Finalmente nos hacía salir y esperar en el patio. La nota que iría al boletín se obtenía de la siguiente fórmula: “una por examen, otra por la carpeta y por concepto” promediaba y de ahí el resultado.
Para poder levantar el aplazo necesitaba un promedio de 9,50 y sabía que no me lo daría. No me quedaba más que aguantar toda esa ceremonia ya que por lista era la última. Margarita y Nelly aprobaron… ya lo suponíamos. Ellas estaban tristes por mi suerte, sabían muy bien el sacrificio que había hecho para poder aprobarla. Finalmente llegó mi turno. Whelan expuso ante el rector todo lo que había hecho en el año incluso la discusión y cual había sido la carga encomendada y de que forma la había cumplido; terminado comenzó a relatar las notas tal cual yo lo suponía y la suma, según la fórmula, daba 9...
− … y un 10 más porque… ¡sí!, nueve cincuenta puntos (sic). Sita Veleiro ha aprobado el curso, ahora dígame: ¿quién estaba equivocado?
− ¡Yo profesor, yo estaba equivocada!
−estrechó mi mano y me entrego la carpeta.
Salí y me abracé con las chicas, no podía salir de mi asombro tenía una alegría enorme aunque había sido algo chupa medias por darle la razón al final.
Esta es la última nota de Whelan en mi carpeta:
“Srta. Veleiro: Las proyecciones en el curso previstas en la revisión del día 23/9 visada por el Sr. Rector el 02/10 se han cumplido. Deseo que el nivel alcanzado asegure su propósito de realizar la etapa universitaria en nuestra especialidad. Al indicarle guardo de usted un elogioso concepto, le deseo mucho éxito en el futuro. Buenos Aires, noviembre 13 de 1974, firma y sello”.
Por Whelan y a la luz de mi desempeño decidí mi ingreso en la Facultad de Ciencias Económicas en lugar de antropología o historia antigua que era mi vocación antes de cruzarme con él. Faltándome siete materias para terminar planté bandera reconociendo que no era lo mío.
Ahora me pregunto... ¿quién tenía razón?
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gracias Nestor y Marta

26 de mayo de 2009

El atribuado y un aporte bolichero.

El 15 de mayo publicábamos una editorial recordando dos íconos de los boliches que frecuentábamos en el siglo pasado: Elsieland y Mi Club, a la vez que subíamos la encuesta a la que todavía pueden votar.
Y nuestro querido amigo El Atribulado adjuntó un comentario a esa editorial que luego de una fuerte discusión con nuestros asesores editoriales, nos pareció justo publicarla porque su aporte es sencillamente valioso (como todo el material que recibimos de todos los ex alumnos).
Esto nos decía el Atribulado:
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"Boites: GUANAKO y WANAVARA ambas en la zona de Carlos Calvo y Entre Rios. En WANAVARA había un negro inmenso vestido con frack parado todas las noches en la puerta. GUANAKO era bien para parejas con unos reservados a los ke accedías guiado por un maitre ke iba iluminando el camino con una pekeña linterna. Debias saltar todo tipo de obstáculos incluyendo piernas, brazos, ropas, bolsos, pilchas y hasta gente. BAMBOCHE, CAT'S y TAROT en Flores. BAMBOCHE famosisimo por el enano ke estaba en la entrada, un h de p que te hacía transpirar como testigo falso, te fichaba a ver si dabas la edad ¡el enano era el filtro!. Cuando te hacías habitué el enano era de 10 y te marcaba las minas más accesibles. CAT'S dentro de una galería si mal no recuerdo era bien vidriado y TAROT sobre Rivadavia con un frente muy llamativo con inmensas cartas de... Tarot, claro. ZODIACO en un primer piso por escalera, cajetilla y ubicado de 10 en zona de mucho telo por si tenías suerte de arrancar algo. En Ramos Mejia JUAN DE LOS PALOTES, PINAR DE ROCHA y... espera ke me tomo la pastillla. Los bailes de YPF y REGATAS DE AVELLANEDA... ¡cuantas anécdotas!
Te cuento una de mi primera vez de boliche. Tendría 13 años y estaba de vacaciones con mis viejos en Mar de Ajo. Tanto rompi las bolas ke me dejaron ir a la matiné de un boliche que quedaba sobre la principal, al fondo, pegadito al cine frente a la iglesia. Me empilche: pantalón negro con búlgaros (para kien no sepa eran como bordados en sobrerelieve) y una polera negra de "vanlon". Entre con la barra del verano y al verme la ropa me volví loco, tenía innumerables "pelusas" blancas aderidas a todo el cuerpo. Por mas ke me las resfregaba no me las podía kitar, así ke me fui a cambiar y esto sucedió dos veces en la misma noche hasta que me enteré lo del efecto de la luz "blanca" (¡deja de reirte pelotudoooooooooooo!).
También podríamos hacer un recordatorio de telos... LOS PINOS, RUTA, el de la cortada de Harrod's ¡HORIZONTE!, los de Flores por Yatay frente a las vías que sólo tenían una pekeña toalla para secarte y ventiladores en las mesitas de luz en verano jajajajaja...
Un fuerte abrazo kemero"
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gracias Néstor