18 de diciembre de 2008

Hoy se cumplen 2 años.

En realidad, esta foto ya la publicamos el 13-7-08, y ahí contábamos que fue el reencuentro con mi amigo Rafael Mastropascua (promo'76) después de 30 años.
La foto está sacada en el bar Gervasio, en la Balcarce (Salta), y lamento muchísimo no poder llevar a nadie más a comer empanadas ahí porque ya no existe (el bar).
Pero la idea de publicar nuevamente esta foto se debe a que hoy se cumplen dos años que Rafa me ubicó y empezamos un reencuentro que estoy seguro no va a terminar.
Esta foto, además, es histórica y muy significativa porque ahí se gestó el primer boceto mental de hacer algo con los ex alumnos, más allá de poder vernos una vez al año porque la reunión del centenario les había dejado a todos un gustito a ganas de seguir.
Esta foto... esta reunión... es algo así como el abrazo de San Martín y Belgrano en la Posta de Yatasto, o como esa charla que tuvieron John Lennon y Paul McCartney en la secundaria...
Creo que hicimos historia y lo más lindo es que la estamos viviendo.
Gracias por buscarme Rafa...

17 de diciembre de 2008

Alta en el Cielo

Foto enviada por el Pato Salvemini de alguno de los tantísimos campamentos organizados por el Joaquín.

Todas las mañanas, a las 8 en punto se izaba la bandera.



16 de diciembre de 2008

Del atribulado y un 72 con muchas novedades.

"… y llegó tercer año", 1972 traía muchas novedades. Dejábamos los pasillos y pasábamos a un aula que daba al balcón sobre el patio principal. También y debido a las bajas acontecidas por deserciones, repeticiones y otros motivos terminaron por fusionando alumnos de inglés con los de francés; ya no éramos unos "división segunda" de puros. Yo comenzaba el año con dos materias más: contabilidad y castellano de segundo año, las famosas "previas". Había intentado darlas en diciembre y en marzo pero mi prontuario resultó más pesado que mis conocimientos aunque, justo es decirlo, en castellano era un adoquín. La rusa me esperó siempre con los brazos abiertos en las mesas examinadoras de diciembre y marzo. Luego de pasearme por todos los temas impuso una frase que sería un sello distintivo para nuestros encuentros: "¡ay Giménez, usted tiene los conocimientos agarrados con alfileres!". Como en otros tantos órdenes de la vida las vueltas son muchas y ya vendría el tiempo de tomar revancha. Pero aún había algo mucho más importante que estaba por encima de todo y que nos traía enloquecidos: ¡el JVG se hacía mixto!
Primero hubo incredulidad, luego estupor y finalmente una excitación generalizada ¿qué niñas se atreverían a venir al JVG? Y sí, hubo de todo. En primer año la mayoría eran niñas buenitas, recién saliditas de la primaria, hijas de familias vecinas de clase media. Segundo y tercer año eran las bisagras, ahí se mechaban las repetidoras, expulsadas o con pesada carga de amonestaciones a las que les habían pedido cortésmente que abandonaran el establecimiento que había intentado infructuosamente encarrilarlas. Con estrictos guardapolvos blancos por debajo de las rodillas, pelo recogido y cara de "yo no fui" entraron al salón prefiriendo los primeros bancos. Al poco tiempo los guardapolvos se pusieron grises, subieron el ruedo como mínimo cuatro dedos por arriba de las rodillas, el pelo se soltó y la cara era de "¿y vos qué mirás pelotudo?", o en otros casos usaban miradas más pícaras y sugerentes. De las que entraron en 3ro 2da hice tres buenas amigas: Liliana Vázquez, Ángela Báez y la holandesa Von Holten quienes venían a sumarse a las huestes de los que insistíamos con el francés.
En contabilidad tuvimos a Marconi, un profesor que parecía sabérselas todas y algunas más. Con lo que había aprendido con "la rusa" hice un año de taquito ante el asombro de mi padre al ver las calificaciones que llevaba a casa. Marconi sabía sacar lo mejor de cada uno con un léxico ameno, común a todos, convincente y si se me permite hasta compinche. Era cómico escucharlo "sesear" y él, sabedor de esa condición, la marcaba aún más. Jamás supe si era un artilugio para que la pasáramos bien y soltáramos de vez en cuando unas carcajadas o realmente seseaba. Su apodo era "cafesshhito" ¡sic! como sonaba su pronunciación cada vez que pedía a alguno que fuera hasta la cantina a buscarle su "cafesshhito". En botánica tuve a la que decía ser la tía de "Charly" García, una mujer cuarentona a la que nadie le llevaba el apunte salvo cuando terminaba por perder los estribos debido al zafarrancho que resultaban sus clases. En higiene tuve a un gordo canchero y bonachón, un típico tipo que daba la impresión que ocupaba algunas horas como para tener un ingreso extra ¡se notaba a la legua que la docencia no era su vocación! Este personaje (y no es joda) se apellidaba; Lavate o Lavatte no recuerdo bien, ¡sí, el profesor de Higiene se llamaba Lavate! Lavarse era lo que necesitaba él ya que tenía como costumbre cuando daba clase acomodar sus testículos sobre la punta del respaldo de la silla y hamacarse sobándose las bolas… supongo que el refriegue le produciría una satisfacción rayana al nirvana. No recuerdo si la materia en tercer año se llamaba química o merceología pero de profesora tuve a la Señora Efron hermana de Paloma Efron, la popular Blackie. Un encanto de mujer que no necesitaba más que entrar, sentarse cómodamente al escritorio, ponerse las gafas mirar por sobre ellas y comenzar a dar clase para que todos estemos atentos. Ella hacía que esa odiosa y pesada materia nos resultara atrayente, interesante e imperdible por donde se la busque. Era de esas clases que no queríamos que terminara y al escuchar el timbre nos preguntábamos: "cómo ¿ya pasó la hora?". En geografía tuve a la Marchese una profesora que parecía más bien la tía gorda y buena que casi todos tuvimos. Exigente pero compresiva era otra que daba clases divertidas e imperdibles. Más adelante relataré una anécdota que me marco especialmente e hizo crecer más aún mi cariño por ella.
Ese año a las materias que veníamos teniendo y que nos acompañarían hasta quinto año se le sumó estenografía o más bien el arte de escribir a máquina. Explicarles esto a mis hijos que se criaron delante del teclado de una PC sería al menos una ridiculez. Pero yo soy de la generación que para las primeras clases de estenografía (máquina es más fácil) debíamos comprar un cartón impreso con el teclado. Horas llevamos practicando sobre el cartón tratando de memorizar la ubicación de cada letra para terminar un buen día en la "sala de máquinas". En largos pupitres enfrentados a una tarima y un pizarrón estaban ellas: "las Remigton". Estas máquinas, ya para 1972, resultaban ser prehistóricas. La fuerza con la que debíamos pegarles a las teclas para que las manivelas recorrieran la distancia hasta el rodillo donde estaba la hoja podría bien habernos quebrado algún dedo. Lo más sencillo era el golpe a la barra espaciadora que debíamos darlo con ambos pulgares. ¡Me olvidaba!, las letras del teclado estaban borradas así que si habías paveado durante las clases frente al cartón estabas frito. Era parte de este ejercicio medieval la correcta posición de la espalda, la de los pies y las manos que debían estar listas para deslizarse sobre el teclado como si estuviéramos interpretando un concierto de Beethoven. Las Remigton más buscadas eran aquellas a las que algunos pícaros les habían tallado las letras sobre el teclado ¡una ventaja nada despreciable!
En general los profesores que me tocaron por suerte en este tercer año eran de los catalogados más accesibles y con los que se la pasaba bastante bien; claro si uno ponía también algo de su parte. No fue mi caso. Fue un año muy movidito y la política se entremezclaba entre nosotros; esto era visto tan sólo por aquellos a quienes nos interesaba. Ya se veían fuertes discrepancias entre aquellos de formación peronista con los que comenzábamos a conocer los pensamientos de izquierda. Fue un año de movimientos revolucionarios por todo América; en Argentina se presentía el final de un proceso militar mientras que el Pocho amagaba con pegar la vuelta haciéndole un guiño cómplice a la izquierda peronista. Para mí resultaba ser más rico lo que pasaba fuera de las aulas que los conocimientos que se daban dentro. Eran frecuentes las reuniones de delegados en el mismo colegio; estaban permitidas y no correspondía pasar faltas además: ¿quién se atrevería?, ¡Incluso asistía a reuniones en otros colegios! La denominada UES era un caldo donde se cocinaban las más ricas peleas dialécticas.
Todo tiene su precio y esto no era una excepción. La Marchese fue la primera profesora en citar a mis padres. Aclaró en la citación que no era nada de gravedad que sólo quería conversar con alguno de ellos. Por suerte esto descomprimió la furia que había comenzado a levantar mi padre quien, suponiendo que su presencia no era necesaria, presuroso mandó a semejante trámite a mi madre. Dejé a la vieja en la puerta de la sala de profesores y volví al aula pensando de qué manera podría hacer que uno de mis oídos percibieran al menos algo de aquél cónclave. Al volver a casa y ante mi requerimiento solo obtuve por respuesta: "¡CUANDO VENGA TU PADRE YA HABLAREMOS!". Repasé mis notas en geografía; por ahí no podría venir. No solía perderme la clase de ella, incluso si alguna reunión de delegados era en la hora de geografía prefería que fuera otro. La conducta tampoco podría ser, jamás había tenido mala conducta; lo mío era ser contestatario o rebelde pero no quilombero y ¡muchos menos en su clase! ¿Cuál habría sido el motivo de la citación? Estaba claro qué mi madre se había adelantado y por teléfono le dio el parte al viejo. Este entró y muy serio dijo: "vení qué tenemos que hablar", las citaciones siempre se daban en su habitación. En resumen la Marchese le comentó a mi madre mis actividades políticas dentro del colegio. Se aseguró de dejar bien en claro que yo era un buen alumno, aplicado e inteligente. Pero con preocupación también hizo hincapié que aquello de la política estudiantil estaba comenzando a verse mal, que tratara de alejarme o al menos morigerar los ímpetus por que podría ser peligroso. Del discurso del viejo me llamaron la atención dos cuestiones: utilizó la palabra "peligroso", nunca sabré si la pronunció la Marchese o él la agregó como para pretender protegerme pero para mí era inevitable; si había algo peligroso y al mismo tiempo me parecía justo ¡ahí debía estar!. La otra cosa fue qué no usó un tono de reprimenda, ni siquiera esgrimió: "si no dejas de hacerlo…" agregando la pena o castigo tan temido. Al menos en esto había un cambio en el discurso con el que me taladraba los oídos intentando encarrilarme; incluso omitió aquella velada amenaza de sacarme del JVG y meterme en el colegio militar sabiendo mi aprehensión por las botas y los verdes.
Nunca hablé de esto con la Marchese. Ambos hicimos como que no había pasado nada. Ahora sabía qué mi accionar y el de otros estaba siendo seguido con atención y ya veríamos qué hacer si las cosas pasaban a mayores. Ni se me pasó por la cabeza dejar aquello de la política, presentía que estaban por suceder grandes acontecimientos que cambiarían la historia del país y yo quería estar ahí en medio. El costo de mi actividad no terminaba ahí, aún había más por pagar. Ya tenía dos previas a las que sumé castellano (¡una fija!), matemática e higiene ¡sí, higiene! Cinco eran muchas y más si tenía en cuenta que para dar castellano de tercero debía primero aprobar la de segundo y además "la rusa" me esperaba en la mesa de contabilidad de segundo: ¡estaba en aprietos!
Ya había sido delegado de división en primero y segundo año y el tercero no fue diferente. En los debates de los delegados encontré amigos que hoy recuerdo. Fumagalli, un esmirriado muchacho de grandes gafas culo de botella, un saco como tres tallas más, peinado raya al medio con el cabello llovido que le tapaba los orejones y una verbosidad que, o te convencía o le dabas la razón por el sólo motivo de no escucharlo más. Peronista obsecuente que mezclaba definiciones progresistas con máximas del Pocho y Eva las cuales eran difíciles de calzar ante el desproporcionado avance de la derecha en el justicialismo y sus cuadros sindicalistas. Francia, un gordo pesado por donde se lo mire con raíces ancestrales en el socialismo de Palacios. Al gordo Francia acudía para salvaguardar el físico cuando se armaba pelea y también cuando había que redactar algún documento; tenía un punch y una redacción envidiable.
En este año también hice amigos de travesuras. Daniel Keller que cursaba cuarto año, un cordobés qué había venido a vivir a mi barrio y casualmente se incorporó al JVG. Daniel, alias "el tarta", era extremadamente delgado, rubio con una cabellera lisa que era la envidia de muchas niñas. Éramos compinches en el barrio y en el colegio, nos contábamos muchas cosas que nos enterábamos y sobretodo el fue poniéndome al tanto de los profesores qué me tocarían en cuarto. El otro amigo fue Huguito Tomasini, también vecino del barrio. Un loco lindo que me ingresó al mundo de la música y los discos. Su hermano mayor era discjockey y nos valíamos de eso para conocer todas las novedades. Por él conocí a Creedence Clearwater Revival y me hice fanático a tal punto que me compré toda la discografía con los vueltos de los mandados que podía rasguñar. Además de Creedence con Huguito compartimos otra pasión; ¡las mujeres! Éramos algo así como unos desaforados que le apuntábamos a lo que fuera y hacíamos cualquier tipo de locura por conseguir una cita. El colegio era una fuente inagotable de posibles candidatas y lo sabíamos. Por lo que tengo entendido fuimos los primeros en entrar una máquina de fotos al colegio con la única intención de retratar a las chicas que más nos gustaban con el pretexto de que haríamos algo así como una revista ¡Unos adelantados del verso!
Ese año no fueron muchas las jornadas de "hoy no entra nadie" pero las que se organizaron llevaban un aditivo; de las verdulerías recogíamos las frutas y hortalizas "pasadas" y las revoleábamos contra la fachada del colegio e incluso huevos. Recuerdo haber visto a los profesores cruzar la Avenida Montes de Oca bajo una lluvia de huevos. Los mayores pusieron en marcha agresiones más jugadas aún como ser el ataque a los coches identificados como de tal o cual sobretodo aquellos que quedaban estacionados sobre Australia frente a la vieja librería.
Los festejos de fin de curso para los egresados de ese año fueron muy tranquilos. Las autoridades se adelantaron he hicieron terminar las clases para los quintos unas semanas antes. De todas maneras no se salvaron de las corridas por los pasillos, los cánticos y algún que otro destrozo.

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Gracias Néstor.

15 de diciembre de 2008

La promo'74 la pasa bien.

Fotos enviadas por Néstor Gimenez, con la siguiente leyenda: "Penúltima reunión que fue el 12 de octubre de este año. En la foto de abajo, de izquierda a derecha: Mario Ciccollela, Carlos Amor, Mirta Cánepa, Daniel Sánchez, Daniel Carballo (abajo) sin "look afro" y un servidor.
La otra foto es 'LA PAELLA' que cociné para mis amigos... un placer!"

Paella... ¿y pa nosotros cuándo?


N. de la R.: si no hacíamos el chascarrillo fácil no íbamos a poder dormir.

14 de diciembre de 2008

Mi amigo "el cholo" Grosman.


Jorge Grosman, apodado por unanimidad "El cholo".
Se incorporó al Joaquín en el 76 cuando estábamos en 5to y tuvo la grandísima suerte de estar en 5to 1ra, compartiendo banco con Norbero Lopez. Hector Sciarrota y yo en los bancos de atrás y Agustín Montoto y Alejandro Giugliano detrás nuestro. Señores, eso era el fondo de un aula como Dios manda.
Volviendo a Jorge, él venia del Pellegrini y no recuerdo como corno vino a parar a Barracas pero siempre se supo que el que no entraba al Pellegrini entraba al Joaquín, y porque sucedía eso es otra historia para otro día.
La cosa es que el cholo tenía su destino marcado... venía de barrio norte y cayó con esta banda de vandalos inescrupulosos para ser rescatado definitivamente, y así fue.
Recuerdo varias cosas. Ir a estudiar a su departamento y merendar sanswich de jamón y queso calentitos y sellados al borde, o disfrutar de "Close To The Edge" y "And You and I" (Yes) en el sistema cuadrafónico que tenía en su habitación, la colección de modelos de Thunderbird, el jardín de invierno en planta baja donde hacíamos chocar los trenes al mejor estilo Locos Adams.
Recuerdo también que me regaló un cassette con "I Robot" (Alan Parsons) porque todos estábamos locos con la cortina musical del noticiero de canal 13 y él la tenía, y en ese cassette me puso dos temas de Styx... o sea que él es el responsable que hoy yo sea fanático de Styx (y yo lo contagié a Hugo Myslicki).
En realidad, lo mejor de todo es que Jorge fue uno más de nosotros desde el primer día como si hubiéramos compartido los cuatro años anteriores y terminó siendo un egresado del Joaquín, con el orgullo que eso implica.
Se te extraña cholo...

12 de diciembre de 2008

No aguanto.


El otro día le rendimos homenaje al Italpark y tiramos un centro con la intención de recibir alguna foto o anécdota, pero nos dimos con que poca gente ha entrado al blog en estos días y no podemos aguantar las ganas de publicar fotos.
Igualmente vamos a dar una segunda chance para que busquen alguna foto o cuenten anécdotas.
Por el momento, aquí nos acordamos de como eran las fichas que nos daban para entrar a los juegos.
Un verdadero documento fotográfico.

11 de diciembre de 2008

El retorno a Los Césares.


El 1 de noviembre publicábamos la tercera parte de un campamento del JVG a Los Césares, Neuquén, que se hizo en noviembre del 82.

Hoy, publicamos la foto de la familia Salvemini cuando volvieron en enero del 2007 con sus tres hijas. En la foto, el Pato sostiene el libro de visitas de ese entonces.

9 de diciembre de 2008

El Italpark.



Este es un homenaje que quería hacer hace rato a un testigo de nuestra época.
En algún lado tengo alguna foto y ojalá alguien tenga y me las envíe, y porque no también algún relato.
Recuerdo que íbamos seguido con mi hermano, con Héctor Sciarrota, Ernesto Kina, Tito Polidoro y Juan Carlos Kuljis, porque alguno conseguía esos pases o invitaciones y de esa forma siempre te salía más barato. Recuerdo también haber ido algunas veces con la González.
Vaya aquí mi recuerdo y este homenaje al Italpark.
Se lo extraña... no?

7 de diciembre de 2008

Una joyita.


Si. Una verdadera joyita esta foto enviada por Néstor Gimenez.
El 9 de setiembre publicamos otra foto enviada por NG en donde estaba la promo'74 posando afuera del bar "El Estudiante", el que estaba a la vuelta por Montes de Oca hoy llamado "El Nuevo Estudiante".
En ese momento confesé que no tenía fotos de ese bar y de pronto este tipo me manda dos... Juro que cuando lo vea le pago una Heineken.
En la foto: Mirta Cánepa (de negro), Marta Fernández (en primer plano) y Liliana Amone (detrás). ¿Y el de bigotes? El gallego dueño del bar (junto al JVG).
Por Dios...!!! qué recuerdos...!!!

Nota: observen el modelo de botellita de Fanta y la otra verde es una Teem (no existis).

Una JOYA.

El teatro hoy.

Fotos enviadas por el Pato Salvemini de un acto de fin de año hecho en esta semana que pasó. El orador es el profesor Ferrari, y en la otra están profesores y autoridades del Joaquín.
En las fotos de abajo tenemos una visión de lo que es el teatro del Joaquín en el 2008... ¿Recuerdan que tenía butacas estilo cine Dante?
El escenario, tras bambalinas, tenía una puerta de acceso/salida que daba al pasillo de la Biblioteca.
Hermoso salón.


N. de la R.: el cine Dante estaba en Av. Alte. Brown y era continuado: daban dos o tres películas por el precio de una.

6 de diciembre de 2008

Fiesta de educación física.


Esta fiesta se realizó en el patio del Joaquín y fue en el año 1979.
Si no me equivoco, los chicos están luciendo la ropa que se les había dado para el acto inaugural del Mundial 78.
No tengo más data.

Otro campamento con Papurelo.


Según el relato del Pato Salvemini, la foto es en Nonthue, Lago Lacar, San martín de los Andes, en enero de 1977.
El que está en el centro de gorrito es él y el que esta al lado es Jorge Fredes, que fue preceptor y bibliotecario.

4 de diciembre de 2008

¿Por dónde entrabas vos?



Seguramente todos coincidirán conmigo que ambas puertas tienen sus cambios, propios de las exigencias de este siglo XXI que nos toca vivir.
La de la esquina (ex Asutralia, y Montes de Oca) ahora tiene rampa y en cierta forma es una lástima que haya tenido que ser algún decreto o ley lo que obligara a que esto sea así.
Y la otra (ex Australia 1649) tiene rejas... supongo que por seguridad... y bueh, que le vamo'hacer...
La única vez que siendo alumno entraba por la esquina era para dar examen en diciembre o marzo.

Viaje de egresados de la 79 (parte 3).




Para variar, me quedó una colgada (foto), de las enviadas por el Pato Salvemini, del viaje de egresados de la promo'79.
Así comenta él su foto: "Isla Victoria, los cuatro fantásticos: yo, Claudio Ibarrola, Marcelo Gómez y Sergio Rosales."

Los cuatro fantásticos...

3 de diciembre de 2008

Del atribulado y un trascendental 2do año.

El segundo año comenzó muy diferente. Sabía varias cosas qué me daban una especie de seguridad para aprender otras, había pagado un derecho de piso que me posicionaba mucho mejor. Quizás una de las más importantes era saber ubicarme en el sitio que me correspondía, cuando había que escuchar se escuchaba, cuando podía hablar hablaba y estaba siempre atento a lo que marcaban los mayores. No tengo dudas y ¡no me jodan que no es una fantasía!, tener diecisiete o dieciocho años te aproximaba mucho más que hoy a ser un hombre. Hablando en generalidades aquella juventud era distinta a la de hoy; caracteres diferentes, otra cultura, códigos, compromiso social… y a eso había que sumarle que con el tercer año aprobado eras "tenedor de libros" que ya te posicionaba como para buscarte un trabajito.
Comenzaron a aparecer lugares comunes de reunión donde la muchachada se juntaba antes de entrar al colegio. Esas reuniones mañaneras eran imperdibles así qué trataba de estar siempre entre veinte o treinta minutos antes del ingreso. Solía parar en el porche de un negocio de fotografía que estaba a metros de la esquina de Montes de oca y Australia, casi pegado a la lechería. Ahí se escuchaban todo tipo de comentarios relacionados con el JVG, sus profesores, personal docente y otros temas tan o más interesantes. Se escuchaban nombres de profesores que eran maldecidos, había hasta quienes se persignaban al escucharlos y agoraban que era casi imposible aprobar la materia si ellos te tocaban en suerte. La "rusa" en contabilidad, la Presa en geografía, una tal Berges en estenografía que por entonces no sabía que era, Barcia en taquigrafía, Whelan en contabilidad financiera, Papurelo en gimnasia y muchos otros que no recuerdo. Cuando podía, preguntaba en qué división y año estaban semejantes personajes y por suerte la mayoría no eran profesores de las "segundas divisiones" así que agradecía al idioma francés haberme quitado el estigma de esos monstruos. Estas elucubraciones sucedían bajo una espesa humareda de cigarrillos fuertísimos que pasaban de mano en mano y de boca en boca. Quizás ese nauseabundo olor sumado a los "Particulares" que fumaba mi viejo hicieron que hasta el día de hoy ese sea un vicio que no adopte… ¿otros? si, claro, pero eso no es tema en cuestión.
En uno de los primeros días de clase estábamos ansiosos esperando que ingresara el profesor de contabilidad que nos tocaría en suerte. De repente se abrió la puerta y entro ella. Estatura media, peinado armado con mucho spray como se usaba, saquito, camisa, falda por debajo de las rodillas, zapatos abotinados de grueso tacón, portafolios negro y paso militar.
Buenos días señores, pueden tomar asiento —por ese entonces nos poníamos de pie para dar el buen día a coro. Desde el fondo se escuchó una voz: "sonamos es la rusa".
Su apellido era Steimberg o algo así que sonaba a "diabólica". Ahí no más sin mediar presentación nos hizo sacar una hoja y tomó una prueba que sería (según sus dichos) una comprobación del nivel de conocimientos. Con ella en clase jamás había problemas de conducta, ni siquiera los repetidores o los más díscolos se le animaban y no era porque usara ninguna extraña artimaña. La tipa tenía presencia, una voz firme y una mirada que helaba. He de reconocer que para mí fue una muy buena profesora que inició la lista de los qué prefería tenerlos de la vereda de enfrente. Trataré de explicarlo, tarea nada sencilla puesto que escribirá un cincuentón que ahora ni puede llegar a comprender esa costumbre de buscarme problemas mezclados con una extraña presunción…ya que estimo que lo volvería a hacer. Hay una faceta de mi personalidad que tiende a la rebeldía y al enfrentamiento con el poder. Insistía (podría decir insisto pero eso se lo dejo a quienes me conocen más) para hacer lo que a mi entender parecía justo aún rayando el absurdo e imposible. Así sucedió y por eso no fue extraño tener a lo largo de los cuatro años un historial con varios enfrentamientos y escaramuzas con la autoridad establecida. Tenía la idea de que ella era opresora, déspota y decididamente abocada a medir diferente los esfuerzos de cada uno haciendo que otros recibieran un peor trato. No me interesaban las consecuencias aunque ellas me llevaran a quedar solo sosteniendo la premisa como un rebelde al margen de la sociedad. Si a esto le sumamos el hecho de que en la plantilla de profesores y autoridades habían quienes obtenían importantes logros con un trato ameno y cordial con el alumnado estaba a las claras que aquél que no lo conseguía por esos medios… estaba parado en la vereda de enfrente. Por ese cauce fue mi relación con "la rusa". Recuerdo un día que se le ocurrió tomar lección. Ella no se satisfacía con el oral, había que pasar con la carpeta completa. La mala suerte le toco a Achur, un albino bonachón, alto, de grandes gafas que era excelente compañero. Dio una lección buena, recuerdo sin fisuras. "La rusa" le pidió la carpeta, casualmente él era uno de los que la tenían completa y a la que acudíamos muchos para ponernos al día. El aire arrastrado por cada pasada de hoja cortaba el ambiente que se vivía.
Bueno Señor Achur, me veo obligada a bajarle dos puntos por no tener los títulos subrayados como he pedido —estupor generalizado y "puchero" del albino cuyos cachetes comenzaban a tomar color.
¡Suficiente, ya esta bien! Ahí me pare y esgrimí un encolerizado discurso en defensa de la exposición de mi amigo y marcando la injusticia del trato. Escuchándome y viendo que ni la mirada de acero me hacía callar, "la rusa" comenzó a levantar la voz y eso lejos de amedrentarme me animó a esgrimir más argumentos utilizando el mismo tono. No duré mucho en clase, ella se me invitó amablemente que abandonara el aula... ¿más claro?, ¡me rajo a la mierda! Caí en manos del preceptor que, utilizando el consabido sistema de castigo, me dejó con los dedos contra la pared del corredor mientras mascullaba un discurso pedorro. Entre amenazas de suspensiones, amonestaciones e incluso la citación de mis padres fueron pasando las horas hasta que en el último recreo vinieron algunos de los delegados de las divisiones mayores. Estaban interiorizados de los sucesos, primero conversaron con el preceptor y luego se solidarizaron conmigo. Cuando se estaban por retirar, uno de 5º año se volvió hacia el preceptor y señalándolo con el índice le dijo:
—… y si no, mañana no entra nadie —fue la primera ves que escuché esa frase qué se repetiría durante mi segundo año hasta el quinto.
El "¡hoy no entra nadie carajo!" era el grito de guerra que se daba cuando se pretendía defender alguna postura, queja o reivindicación. Los más jóvenes y los más viejos (más que yo) quizás no sepan de qué se trataba. Primero se hacia pasar la voz unos días antes explicando los motivos. El día elegido, cuando el colegio abría sus puertas, los mayores de 4º y 5º año hacían un cordón humano que no permitía el acceso al establecimiento y al grito de "¡hoy no entra nadie, carajo!", se esperaba la salida de un interlocutor válido. Créanme que aquello no era joda. Primero salía Imperiale, alias "Petete", un gordinflón bonachón al que no se le podían ver los labios tapados por unos gruesos bigotes tipo cepillo. Petete era el vicerrector y todos o casi todos sabíamos que no tenía mano dura y que ante semejante cuadro de sublevación siempre terminaba dialogando. Con este sistema de propuesta casi coercitivo se defendieron las más locas reivindicaciones; desde la liberación en la forma de vestir, la exigencia de semáforos en las esquinas, quejas sobre los tratos recibidos, asuetos en fechas especiales (por ejemplo para el día del estudiante), etcéteras. Algunas se conseguían y otras no pero podría contar muchas jornadas en que aparecía en casa de mis padres porque ese día no se entró al colegio y que a nadie se le ocurriera poner falta porque hubieran seguido y seguido los días sin entrar. Era una pulseada sin fin con las autoridades y ahí me sentía como pez en el agua. Se estaba gestando un ambiente que no estaba alejado de la política y de los sucesos que se avecinaban. Fue época de tirar el maletín y la cartuchera y buscar una liga negra con la que sostener las carpetas y libros. La liga no podría ser de otro color, los útiles deberían ser los imprescindibles y la "birome" en un bolsillo.
También en ese año conocí lo de la "vuelta olímpica". Muchos podrán decir que lo que voy a contar lo vivieron e incluso que fueron protagonistas, no lo negaré. Pero esto es como el "gol de Grillo" o el de Kempes a los holandeses; todos dicen haber estado ese día en la cancha e incluso detrás del arco: pero doy fe que esto lo viví. La "vuelta olímpica" no era ni más ni menos que la despedida desorganizada de los quintos años unas semanas antes de terminar las clases. Se planearon muchas cosas pero sólo algunas pudieron llevarse a cabo; las otras quedaron fielmente guardadas para los años venideros. Ese año se decidió tener una semana de festejos que incluyeron:

1. La entrada de perros callejeros. La mecánica utilizada era poner al pobre animal en medio de un enjambre de alumnos y una vez dentro del establecimiento guiarlos y soltarlos en los lugares menos imaginables.
2. Meter un cerdito. No supe jamás de donde consiguieron un cerdo pero lo metieron al colegio de igual manera que a los perros. Una vez dentro untaron el cerdo con vaselina y lo largaron por los corredores. Era una fiesta ver a tos los preceptores incluso algunos profesores intentando cazar al cerdo. Era una tarea imposible lo único que conseguían era asustar más al animal, hacerlo chillar, que corriera despavorido para terminar todos revolcados.
3. Las gallinas con paracaídas. De los balcones del primer piso se tiraron al patio central decenas de gallinas que previamente eran aseguradas a unos improvisados paracaídas, ¡un verdadero desastre! Algunos acompañaron la caída de las aves con una suelta no muy al asar de huevos.
4. La vuelta olímpica. Consistía, como su nombre lo indica, en una corrida en malón coreando cánticos alusivos a las autoridades y a la idea de liberalización de lo que representaba la Institución. Por entonces era común suponer que lo que nos esperaba fuera sería mucho mejor.

Esos fueron los eventos que en ese año de 1971 se organizaron y se llevaron a cabo en el JVG para despedir a los egresados. No cabe opinión al respecto, cada uno sacará sus conclusiones, se sonreirá o pondrá cara de vinagre pero esos fueron los acontecimientos.
En lo personal el final del segundo año fue diferente al primero. Castellano, contabilidad ¡por supuesto!, matemática y botánica fueron las materias que me acompañaron; algunas a diciembre y otras en viaje sin escalas a marzo pero conocí otra mágica palabra: "la previa".

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Gracias Néstor.

Firmando pa'la posteridad.

Lamentablemente perdí la data de estas fotos pero evidentemente están firmando algún libro de actas o algo por el estilo en la reunón del centenario (elemental Watson...).
Y si mi memoria no me juega en contra (como la lluvia a Huracán este fin de semana), ellos son Verónica Trota (promo'92) y Juan Pablo de Marco (promo'88).


30 de noviembre de 2008

Resultados de la 2da encuesta publicada.

Durante el mes de octubre y parte de noviembre pusimos una encuesta para tratar de descifrar cuanta gente nos visita, y el resultado nunca es exacto porque no necesariamente los que entran al blog han votado y, por otro lado, la misma persona que votó pudo haber entrado varias veces.
Hecha esta presentación puede parecer como que hicimos algo al pedo, y es cierto.
Igualmente los resultados indican que de un total de 94 votantes la mayoría egresó entre 1988 y 1998 (49%), le sigue los que egresaron entre 1978 y 1988 (32%), luego los que egresamos antes de 1978 (11%), y por último un pequeño grupo de los más recientes entre 1998 y el 2008 (8%).
Gracias a todos por participar.

29 de noviembre de 2008

Están en el patio ¿las viste alguna vez?


La de la izquierda supongo que fue para los primeros 25 años (por lo que dice la placa: 1905-1930), y la de la derecha es en homenaje al sesquicentenario de la Revolución de Mayo.
Les toca a ustedes averiguar y pasarme la data de cuantos años son.

26 de noviembre de 2008

Viaje de egresados de la 79 (parte 2).

Nota aclaratoria: donde dice "yo" se debe leer Néstor Salvemini, porque él envíó las fotos y los comentarios que acompañan cada una.

"Alfredo 'nelo' Clerici, Marcelo Liska, Claudio Ibarrola, Sergio Rosales, Marcelo Gomez, Claudia Couceiro, Eleonora, 'Pato' Martinez, Claudia Linera, Marcelo Gandara y yo."

"Regreso triunfal en la puerta del Joaquín. Los que recuerdo son: Alfonso Suarez, Gustavo Bandiera, Sergio Rosales, yo, Claudio Ibarrola, Marcelo Gomez, 'el turco' Jabas, y agachados Marcelo Liska y Tony Frate."

25 de noviembre de 2008

Toda la promo 2003.

Foto enviada por Fabiola Ruiz (promo 2003), y como es costumbre reproducimos su mail: "Ahora que cuento con un poco más de tiempo, comienzo a saldar deudas... comienzo enviandote una foto que corresponde a los Egresados del año 2003.
Allí estamos los estudiantes de: 5to1ra, 5to2da, 5to3ra y 5to4ta del turno mañana, con los preceptores Julio (a la derecha con barba y buzo mostaza) y Sebastián (abajo de todo con camiseta blanca).

Imposible escribir los nombres de todos, sólo los que tenemos chomba roja o buzo a rayas rojo, verde y blanco pertenecíamos a 5° 4°: Griselda, Mariana, Natalia, Facundo, Verónica Costa, el Ante, Rodrigo Basilisco (alias "el Basi"), Mariza Argüello, Ortiz, Pablo Maggio, Emiliano, Magaldi, Gabriela, Micaela, Natalia Bardaro, Sabrina, yo y mis grandes amigos Ramiro Checle, Tomás Arias y Diego Naviza. A medida que vaya organizando las fotos te voy enviando.
Un saludo. Fabiola."


Nota: no voy a agragar nada porque sino el Pato no me invita al asado...

24 de noviembre de 2008

Montoto.


Mi gran amigo Agustín Montoto (promo'76), en la dorada época en que enseñaba tenis en el parque que está frente al planetario. La foto debe ser del 80.
Con él estuvimos los cinco años juntos (porque en quinto siempre te separan) y también compartimos el viaje a Río Tercero en el 74 y el campamento a Nonthué en el 75, además del viaje a Bariloche. Y creo que la otra persona que coincide en lo compartido es Teresa Cinicola.
Nota: en realidad, tenía toda la intención de publicar otra foto que nada que ver con el blog pero por cierta especie de soberbia tenística me tuve que meter la foto de La Ensaladera en el traste.

23 de noviembre de 2008

Dentro de unos días serán "ex alumnos" (parte 2).

La primera parte la publicamos ayer y lo hicimos así por dos razones: por un lado, porque se nos ocurrió crear expectativa y por otro lado porque el blog no nos permitió subir todas las fotos juntas.

Y ahora vamos a transcribir el mail de la profesora Rosa, quien gentilmente nos envió estas fotos.
"Te cuento que el viernes pasado se realizó en el colegio la "Vuelta Olímpica de los 5º". Con los años fueron cambiando la forma de desarrollarse, por suerte ya no irrumpen en las aulas, ni hay pirotecnia, solo recorren los pisos superiores cantando y gritando. 'Y 5to no se va, no se va y 5to no se va...', cada año suele ser más tranquila. Y aprovechando las altas temperaturas que estamos teniendo por estos días de noviembre, terminan jugando en el patio (su patio, no?, el de los 5º) con agua, en batallas de mujeres contra varones, o de todos contra todos. Encima estaba prevista para unos días después, asi que los tomó de imprevisto la autorización de poder hacerla ese día, y no pudieron organizar mucho más. Te paso algunas fotos del turno tarde y ya contarás en el blog que se hacía en tus años como estudiante o de preceptor. El próximo viernes se hace la despedida que los 4tos le hacen a los 5tos. Después te mando fotos y te cuento que hacen. Nos mantenemos en contacto.
Un Beso. Rosa."


Que coincidencia... parece que lo mío viene por el lado de las rubiecitas...

Del atribulado y su ingreso en 1ro 2da.

Si los que esperaban para entrar al JVG me parecían mayores ni hablar los que encontré dentro. Fuimos recibidos por "señores" que con sus vozarrones nos arrearon al gran patio para luego hacer que formáramos en largas filas por orden de año y división. Primero segunda… esa era la voz a la cual debía seguir y hacia allí fui sin querer mirar al rostro a nadie. Alguien habló por un micrófono dándonos la bienvenida, no podría decir quien, él estaba muy lejos y yo demasiado nervioso. Al rato sonó por los parlantes La Canción a la Bandera más popularmente llamada "Aurora". Apenas pude balbucear las estrofas, era como si me hubiera olvidado la letra y eso que la llevaba cantando por años. Al tiempo caí qué no era totalmente mía la responsabilidad de semejante irrespetuosidad, la canción era acompañada con un terrible "ruido a fritanga" que la hacía apenas audible. Luego por orden y siempre escoltados por esos "señores" de mirada adusta desfilamos hacia las escaleras centrales, un piso, otro piso, corredor al fondo sobre la Av. Montes de Oca; así se llegaba al aula que me tocaba y en la cual pasaría el primer año.
Los viejos pupitres de madera y ese olor típico a salón de clases nos esperaban. Al asar me senté en uno, por el medio del aula y pegadito al ventanal. Ni nos mirábamos ni nos hablábamos, todos duritos y con la mirada al frente salvo algunos que estaban más animados como sabiendo de sobra lo qué se avecinaba. Entró uno de los "señores"…
¡Silencio señores! ─todos acataron la orden, ¿señores?, ¡era la primera ves que me llamaban así!
Para los más jóvenes les recuerdo qué en 1970 el JVG era un reducto exclusivo para varones. El joven sacó una libreta y acto seguido comenzó a dar lectura a los apellidos en riguroso orden alfabético y seguido de los nombres de pila; ¿estaría yo entre ellos? El que nombraban levantaba su mano y pegaba un grito enérgico: "acá, presente". Ansioso esperaba oír mi apellido con el "presente" listo en la punta de la lengua.
Gime… ─ Acá, presente ─dije seguro y presuroso pero otro se me adelantó─ A ver, ¿cuántos Giménez Antonio hay?
Había otro Giménez y yo me había mandado como un burro creyendo que luego del "Gimenez" seguiría mi nombre. Todos giraron para verme y se rieron yo esperara que se abriera el piso para poder desaparecer de ahí.
Con el transcurso del tiempo fui viendo y aprendiendo muchas cosas. Tenía compañeros de 16 y 17 años inclusive y realmente eran de temer. Para un pendejo de 13 años recién salidito del Sagrado Corazón de Jesús aquellos parecían reclusos más qué alumnos. Recuerdo a un tal Usóz, a uno de apellido Cuervo y a uno que le decían "El Turco" al que no me le animaba ni a mirarlo para no disgustarlo. Estos junto a otros que no recuerdo sus nombres eligieron sentarse estratégicamente en el fondo y eran llamados muy por lo bajo como: "los repetidores". Eran demasiadas cosas para aprender pero tenía qué seguir las premisas de Darwin: adaptarme, evolucionar o terminar cómo los dinosaurios.
El primer recreo me tomó de sorpresa, la hora voló. Me encontraba como un pollo mojado pegado a la pared del corredor junto a la puerta del aula. No quería ni pretendía moverme, solo atinaba a ver disimuladamente qué era lo que hacían los demás. Al tercer recreo por las 10 AM escuche por primera vez la palabra "cantina". La pronunciaron los "repetidores" que salieron disparados abriéndose paso a empujones. Estaba claro qué los que quedamos en el pasillo éramos los "novatos", los recién llegados.
Estuve atento a cualquier comentario; fue entonces que supe qué aquellos "señores" eran los preceptores o celadores y que muchos de ellos habían sido ex alumnos. Nosotros teníamos asignado uno robusto de peinada engominada y con actitudes socarronas y que llegaba a la utilización de "correctivos" para su satisfacción. Yo venía de sufrir las tiradas de patillas y los sopapos con dos dedos en el cachete que repartía el cura pero los que aplicaba este preceptor no tenían nada de parecido. Para terminar de acomodarnos en la fila nos daba patadas con la punta del zapato directo a los tobillos. Para los más díscolos les esperaba una especie de tortura. Les hacía apoyar los dedos índices sobre el pizarrón y separar al máximo los pies de la pared haciendo que todo el peso del cuerpo cayera sobre los dedos. No se ahorraba alguna patadita para que apartáramos al máximo los pies de la pared y mantenerlos lo más cerca posible. Los preceptores llegaban segundos antes que sonara el timbre anunciando la finalización del recreo. A los gritos nos hacían formar fuera de las aulas, bien pegados a las paredes. No tenía que ser muy avispado para darme cuenta qué nos miraban como para reconocernos donde nos vieran mientras contaban para que no les faltara ninguno.
La primera lección de cómo debía comportarme me la dio…no se quien de verdad por qué es hasta el día de hoy qué si lo encuentro lo fajo. En uno de los tantos recreos en medio de un enjambre de pendejos que se movían sin ton ni son me pisaron. No fue un pisotón a la pasada ¡no!, fue pisar y dejar el pie encima del mío. Inmediatamente miré para abajo y fue ahí que recibí un sopapo que aún me duele. Esto era mucho más que una joda, era el aviso de qué; o despertaba y dejaba de ser el "nene" del Sagrado Corazón de Jesús o estaba frito.
Semanas me llevó animarme a preguntar el nombre de otros novatos pero eran tantas cosas nuevas que me costó memorizarlos. Solo tengo presente a aquellos que, por ser la única división que estudió francés, me acompañaron los cuatro años: Aníbal Bulacio, Achur, Miguel Suma, Gerardo Gimeno, Lema, Rubén Lorenzo, Miguel Paredes... Eso sí, jamás olvidaré el nombre y apellido de mi compañero de banco: Carlos Lepra. Pelirrojo, esmirriado y con una cara de susto qué se debería asemejar bastante a la mía.
En cambio; hasta hoy recuerdo los apellidos de algunos profesores pero no de todos. Quizás sea por aquello de qué no olvidas a quienes te marcan con su personalidad. De otros guardo detalles de físicos que están ligados a las anécdotas, chanzas y cargadas con las que nos mofábamos de ellos. A lo mejor estas pistas animen a los más memoriosos para que acudan a formatear mi disco rígido.
En castellano tuve una profesora petisa, vieja qué tenía por costumbre escupir mientras pronunciaba peleando con una incorregible dentadura postiza qué parecía querer salir despedida de su boca. Solía venir con un tapado de piel que no se sacaba jamás. Se paseaba entre los bancos regándonos de saliva los cuadernos. Un día vi al tal Cuervo escupirse en la mano, me llamó la atención y no le quité mirada para saber qué haría. Cuando la profesora pasó por su costado Cuervo agitó su mano y estampó el gargajo en medio de su espalda. Las babas pendían de los pelos del tapado pero mayor fue mi sorpresa al ver que no era el único escupitajo que la vieja llevaba a modo de cucarda ¡qué nenes! En contabilidad tenía una versión joven de Picado, muy piola y canchero. En historia tenía ni más ni menos al director Don Cáceres Zelaya, una eminencia qué con solo su presencia ganaba el respeto y la atención de todos. En Educación Democrática —sí, así se llamaba por aquellos años— tuve a un fenómeno al que todos llamaban "corchito". El tipo era un defensor de la democracia y hablaba maravillas del congreso citando de memoria los famosos discursos de ilustres políticos. Corchito venía de impecable traje a rayas, camisa blanca, gemelos, zapatos lustrosos y colgando de uno de los bolsillos de su chaleco la cadena de un reloj de bolsillo. El viejo no había clase que no tomara el libro de partes, grande, pesado de tapas duras, y lo sostuviera con el pulgar, el índice y el anular.
Ven alumnos; este es el estado sostenido por los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. ¿Qué sucedería si faltaran algunos de los tres poderes? —Corchito quitaba uno de los dedos que sostenían el libro haciéndolo caer al piso— ¡Se desploma, el estado se desploma!
No faltaba mucho para qué aquella simple e inolvidable metáfora se hiciera realidad marcándonos para el resto de nuestras vidas.
En caligrafía tenía un profesor de voz ronca, elegante al que se le notaba mucha calle encima. ¡Sí, caligrafía con pluma y tinteros!, los tinteros los íbamos a buscar a la biblioteca comandada por un viejo gruñón, panzón con una impecable cabellera blanca que recuerdo muy prolija. Me gustaba ir por los tinteros, perdíamos tiempo paseando por los pasillos en busca de unas bocanadas de libertad. Llevábamos decenas de trozos de tiza qué luego despedazábamos dentro de los tinteros para qué el líquido sea absorbido volviendo inservible la tinta. Travesura qué aprendí luego de cansarme de recibirlos de esa manera. No recuerdo a otros así que si alguien lee esto y es de aquella camada agradeceré me refresque la memoria. En Geografía tuve a la maravillosa Marchese. Una mujer de gruesas gafas, regordeta con cara de tía bonachona e indulgente. Cautivaba en cada exposición y consiguió que esa fuera una de las primeras materias que me fascinaran. La Marchese fue nuestra maestra de Geografía alejándonos a la temible Presa que cortaba cabezas, según decían por los pasillos, sin contemplaciones. La Marchese también fue quien supo dejarme una marca indeleble pero eso lo contaré más adelante.
Con el paso de los meses no diré qué estaba a la altura de los "repetidores" pero tampoco me había quedado en el niño de la escuela de curas. Comprendí que si bien los mayores eran muy bravos también resultaban ser aliados que terminaban cuidándonos dentro y fuera del colegio; así nació algo parecido a una familia con la máxima de los mosqueteros (todos para uno… etcétera). Cualidades innatas que traía me ayudaron a convertirme en el delegado de 1ro 2da codeándome con la crema de la UES y las juventudes de diferentes movimientos políticos; actividad qué me acompañó a lo largo de los cuatro años.
Así transcurrió el primer año finalizando con un impecable invicto: "ninguna materia reprobada" distinción que no se volvería a repetir.

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Gracias Néstor.

22 de noviembre de 2008

Dentro de unos días serán "ex alumnos" (parte 1).

Oh sorpresa al recibir estas fotos y dilucidar en la última reunión del Comité Administrativo si las publicábamos o no... hasta que alguien recordó las palabras de nuestro asesor Fernandito quien muy sutilmente nos aconsejó que nos tomáramos un Agaromba y que todo nos chu...
Así que aquí van las fotos.


Ellos son de la promo 2008 y serán ex alumnos del Joaquín dentro de unos días cuando termine el ciclo lectivo de este año.

Campamento a Unquillo.

Estas son dos fotos sacadas durante el campamento a Unquillo (Córdoba) en julio del 77 con Papurelo.

La foto de arriba es en la plaza principal de Córdoba, y la de abajo en el Pan de Azúcar en Cosquín. ¿Quienes están en la foto? Así lo cuenta el Pato Salvemini en su mail: "De izquierda a derecha Roberto, Gerardo Papurello, don García (cocinero), Nelly, Luis Bustos, Laura, Carlos Chirizola y Jorge Fredes. El nabo que esta sentado en el medio soy yo. No creas que tengo tanta memoria para los nombres, de pedo estaban escritos detrás de la foto."
Sabias palabras las suyas don Néstor...

¿Habrá fotos sacadas en Unquillo?

20 de noviembre de 2008

Me duermo esperando que manden fotos o anécdotas...

... y voy a explicar porque.
Tomemos en cuenta únicamente las 71 personas que al día de la fecha han votado en la encuesta, lo cual dicho sea de paso es un buen indicador de las visitas a este blog.
Si descontamos las 4 personas que siempre aportan fotos y anécdotas, me quedarían (según me enseñó la Pupato con su Matemática Moderna) un total de 67 personas que disfrutaron de este blog aunque sea por curiosidad, pero que no han aportado nada... ni siquiera comentarios. Aunque quizás no tengan fotos ni anécdotas para contar.
Como dice el Pato, "¡¡¡No sean vagos!!!", y aporten material, oks?
Nota: el brillo plateado en mi pelo es un defecto del flash del fotógrafo.

Ex Australia.


El progreso me disculpe y la memoria del gran pintor argentino también... pero para mi seguirá siendo Australia 1649.

19 de noviembre de 2008

Viaje de egresados de la 79 (parte 1).

Fotos enviadas por el único que aporta fotos... el Pato Salvemini, y vamos a transcribir los detalles de cada una.
"Esta foto es en el Cerro Catedral, y vemos a: Claudio Ibarrola, Ricardo Sanchez, Sergio Rosales, Marcelo Gómez, Nestor Salvemini y Alfonso Suarez.
Lamentablemente Ricardo Sanchez falleció en el 80 y Alfonso Suarez también falleció pero no se en que año, me entere no hace mucho)."
"En ésta están casi los mismos de las otras fotos pero con capuchas y bastante nieve."
"Aquí están: Graciela Pons, Sergio Rosales, Pelvis Nuñez, Claudia Couceiro, Marcelo Gómez, Marcelo Liska, no recuerdo nombre, Néstor Salvemini, Claudio Ibarrola y Hector 'tútu' Castellano."
" 'bendito tu eres' Graciela Pons, Pato Martinez, Claudia Couceiro, Eleonora, y no me acuerdo el nombre. Abajo: Claudia Linera (mi novia de 3º/4º y 5º año) y yo Nestor Salvemini."

18 de noviembre de 2008

¡Feliz Cumpleaños!



Hoy, si el aleman no me falla con el dato, es el cumpleaños de mi gran amigo Hugo Myslicki.
Claro... claro... usted me entiende... Felicidades loco lindo.
La foto fue tomada en Ezeiza en el año 88 cuando se fue a vivir pa los EEUU, y nunca nos volvimos a ver... y de corazón deseo que Dios me permita poder verte nuevamente.
Un abrazo y FELICIDADES.

17 de noviembre de 2008

Encuentro de la promo'79 (2da parte).


Estas son las dos fotos que quedaban de la reunión que hizo la promo'79 en el 2004 con motivo de cumplirse 25 años de su egreso.
¿Quiénes están en la foto? y bueh... seguimos preguntándonos lo mismo porque el 9 de noviembre publicamos la primera parte y nadie nos tiró datos.

Si la escalera hablara



Mis recuerdos son ambiguos, como alumno y como preceptor. Pero si tuviera que rescatar anécdotas para contar me quedo con la segunda etapa.
Lo recuerdo a Petete esperando ahí abajo para despedir a cada curso... o cuando la veía a ella en la fila de 1ro 8va tratando de disimular que nos buscábamos con la mirada... o aquella travesura del preceptor que, antes de bajar a los alumnos soltaba un pollo en el pasamanos dejando que se deslizara por la pendiente, y al llevar a los chicos "en silencio y de a dos" les ordenaba: "¡No apoyarse en el pasamanos!", para que obviamente alguno (o varios) lo hicieran... y oh sorpresa, se encontraban con el pollo. Pero claro, la orden era "en silencio y..." así que el que se quejaba iba a la sala... jajajaaaaaaaaaaa
Yo me río pero te la regalo.
Me encantaría que algún ex alumno que recuerde esto deje su comentario, o bien aquel preceptor con quien nos divertíamos a lo grande.